Análisis

Lo viejo y lo nuevo

El Barça está en época de transición y necesita un renovado equilibrio entre veteranos y jóvenes

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Lo viejo y lo nuevo

REUTERS / VINCENT WEST

Por razones geográficas, el sábado vi el partido del Barça a través de un canal latinoamericano. Poco después del inicio, cuando los dos locutores narraron el primer gol de Osasuna, empezó a escucharse de fondo otra voz que hacía comentarios. En realidad, enseguida quedó claro que era alguien que intentaba alentar y motivar a los jugadores del Barça. El Sadar no es un campo muy grande, los micrófonos de ambiente quedan cerca de la grada, y pensé que podía ser algún culé entre el público, o incluso alguien desde el banquillo blaugrana.

A medida que el juego del Barça parecía tan insípido como los espaguetis con tofu y salmón que Dembélé nos mostraba por Instagram, más me gustaba lo que decía la voz en off. "¡Más abiertos!". "Pero dale continuidad, joder!", "¡Más rápidos, pases más rápidos!". Eran frases que transmitían una idea del juego tal como nos gusta y hemos celebrado, y entonces pensé que era como la voz de la conciencia en blaugrana, y que quizá estaría bien que se escuchara siempre que las cosas no van bien, como una opción de audio en la tele.

Los aciertos de Valverde pasan casi desapercibidos y sus errores, en cambio, se ven a la legua

En la segunda parte, pareció que Valverde también había oído esa voz en su cabeza, e hizo dos cambios que rompieron la falta de ritmo del Barça. Se dice a menudo que los técnicos ven cosas que los demás no vemos, y que por eso les discutimos. Es posible que en el caso de Valverde, además, ocurra un fenómeno curioso: sus muchos aciertos pasan casi desapercibidos (por lógicos) y, en cambio, sus decisiones erróneas se ven a la legua. La entrada de Arthur, cuya influencia había sido insignificante en las dos primeras jornadas, dio un impacto de creatividad en el partido -como mínimo hasta el 1-2- y así, junto con el descaro de Ansu Fati, se corrigió en gran medida la deriva de la primera parte.

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Hay que ver, pues, como un mérito de Valverde que los dos cambios marcaran los goles, y es una lástima que el esfuerzo se quedara a medias. Este verano, la lesión de hombres clave en la delantera, más el 'To Be or Not To Be' de Neymar, más la ausencia de una pretemporada de verdad, han complicado aun más un inicio de Liga que reclamaba cambios. Una de las consecuencias es que el entrenador del Barça parece haber perdido suavidad en sus decisiones y ahora sus gestos son más bruscos y atrevidos, para bien y para mal: así se entiende sobre todo la irrupción de Ansu Fati, el ostracismo de Aleñá tras la derrota de Bilbao o la suplencia absoluta de Rakitic, que el entrenador desvincula radicalmente del asunto Neymar.

Por edad y exigencia, estamos ante una transición de talentos y hará falta un nuevo equilibrio entre veteranos y jóvenes. De momento Valverde ha hecho algunos gestos para corregir los sinsabores que dejó el desenlace de la temporada pasada. Aunque en círculos políticos sea una frase manida, quizá debamos recordar lo que decía Antonio Gramsci sobre las épocas de transición: "El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos". La primera parte del sábado en Pamplona fue uno de esos, digamos, monstruos.