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Turismo incívico

Turistas con maletas en Barcelona.

Albert Bertran

'Barcelona pool villa'

Eva Arderius

Los vecinos pueden llamar a la policía y quejarse al Ayuntamiento pero ninguna de estas soluciones será inmediata ni les permitirá dormir aquella noche, ni la siguiente

Cinco de la madrugada en el tranquilo barrio del Farró, entre Sarrià y Gràcia. Un grupo de turistas acaban la fiesta en la piscina de la casa que han alquilado. Una 'pool villa' según la descripción de la web donde se anuncia. Se alquila, legalmente, para un máximo de 12 personas y su punto fuerte es precisamente la piscina. Las opiniones sobre el alojamiento ya dejan claro que el interior de la casa no destaca por su buen estado.

Las inquilinas se lanzan a la piscina como si fuera mediodía, gritan y ríen. Rompen el silencio de una manzana donde prácticamente no hay coches, ni bares y donde nadie más tiene piscina. La paciencia de los barceloneses a veces me sorprende. Cuando llevan un rato de 'pool party' un vecino les pide "'s'il vous plaît'” que se callen y otro amenaza en llamar a la policía. Ellas se callan durante unos minutos y cambian los gritos y el agua por la música. Nadie más dice nada, la policía no llega y la fiesta acaba cuando ellas caen rendidas.

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Resignación e indefensión vecinal absoluta. Las turistas se van, pero llegan más. Esta vez son unas portuguesas que celebran una despedida de soltera. Terminan la calurosa noche de la misma manera, en el agua y al día siguiente los vecinos podrán seguir con todos los detalles la actuación estelar y acuática del 'boy' que han contratado. La llegada del mal tiempo es la única esperanza para los que sufren los efectos de este apartamento turístico con licencia pero que lo tiene todo para convertirse en una molestia. Una piscina, capacidad para grupos y precio económico, ideal para fiestas.

Los vecinos pueden llamar a la policía y pueden hacer llegar las quejas al Ayuntamiento pero ninguna de estas soluciones será inmediata ni les permitirá dormir aquella noche, ni la siguiente. Un apartamento no es como un hotel, donde puedes llamar a recepción porque los de la habitación de al lado hacen demasiado ruido. Quizá esta, una macrorrecepción donde los barceloneses pudieran quejarse y hacer llegar a los propietarios las incomodidades que provocan sus negocios en tiempo real, sería una buena solución. Postales de verano, que por suerte acaban... ¡Bienvenido septiembre!