Ir a contenido

Al contado

Los candidatos Pedro Sánchez, Albert Rivera, Pablo Iglesias y Pablo Casado.

Por favor, no repitamos curso

Agustí Sala

Septiembre comienza con asignaturas pendientes cronificadas y otras nuevas que nadie afronta

El nuevo curso político y económico que comienza tras las vacaciones estivales tiene toda la pinta de empezar como acabó el anterior: sin Gobierno ni presupuestos a la vista. Y los retos son gigantescos, empezando por las pensiones o por la reforma del mercado laboral.  Y a ello se suma ahora la necesidad de recursos por parte de la autonomías.

Llama la atención la virulencia con la que las comunidades del PP atacan hoy a la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, y la estrategia del Ejecutivo en funciones de escudarse en un informe de la abogacía del Estado para no transferir los anticipos actualizados del sistema de financiación autonómica por ser un Gobierno en funciones.

Que se reclame es lo lógico. Y más cuando se trata de fondos que, en justicia, corresponden a los territorios en los que se recaudaron. Pero quienes hoy se rasgan las vestiduras no reclamaron con tanta vehemencia cuando el anterior ministro de Hacienda, su correligionario, Cristóbal Montoro, utilizó también estos recursos como arma para presionar por la falta de Presupuestos.

Tras comunicar a las autonomías una determinada cantidad en julio del 2017, Montoro la redujo en más de 2.000 millones en enero del 2018 (780 millones en Catalunya) por tener presupuestos prorrogados. Fueron entonces las comunidades socialistas las que pusieron el grito en el cielo. Pero hay unas constantes: Catalunya, que siempre abandera las críticas. Y otra: la Comunitat Valenciana, otra víctima de un sistema de financiación caducado desde el 2014.

Y es que esta es otra gran asignatura pendiente en un país bloqueado y con una clase política más dispuesta a tirarse los trastos a la cabeza y ganar rédito ante unas elecciones que a dar pasos para que haya Gobierno y se puedan tomar medidas ante una situación económica futura que, siendo suaves, pinta algo sombría.

Lo cierto es que en este contexto, las asignaturas pendientes no solo se perpetúan, al no ser abordadas; sino que a estas se suman otras nuevas. Las tareas y deberes se amontonan sin que nadie las resuelva. Lo menos que se puede exigir a quienes tienen la posibilidad de desbloquear la situación política es que dejen atrás las rencillas partidistas y de corto plazo y cumplan con aquello para lo que fueron elegidos: resolver los problemas, no crearlos o cronificarlos.

A un estudiante le exigiríamos que se esforzara en septiembre para evitar repetir curso. A los políticos, con mayores responsabilidades, les hemos de reclamar aún más porque unas nuevas elecciones serían un nuevo fracaso y alargar un 'impasse' que al país no le conviene. Y, si se ha podido evitar el bloqueo en las comunidades autónomas ¿por qué no ha de poderse para el Ejecutivo central?