22 feb 2020

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Bertín Osborne, el bocachancla del verano

Tàssies

Bertín Osborne, el bocachancla del verano

Ramón de España

No acabo de entender muy bien esa manía consistente en tomarse en serio todo lo que dice Bertín Osborne y señalarlo como un peligrosísimo reaccionario que, si no formó parte de la trama civil del golpe de Tejero, poco le faltó. Dicen que no ofende quien quiere, sino quien puede, y yo diría que Bertín ni quiere ni puede. El hombre es como es, desconoce la corrección política y suelta lo primero que se le pasa por la cabeza (como hacía Joan Tardà sin que nadie se lo tuviera en cuenta).

Yo diría que Bertín debería tener patente de corso para decir lo que le viniera en gana, un poco en la línea del difunto Arturo Fernández, capaz de afirmar que, comparado con él, Franco era comunista y quedarse tan ancho. El secreto de ambos es una simpatía arrolladora que, por lo menos en mi caso, incapacita para indignarse con ellos. Como me dijo Miqui Puig, cantante de Los Sencillos, cuando compartía jurado con Bertín en un programa de televisión: "Es un facha total, pero también un tipo divertidísimo con el que te tronchas cenando o yendo de copas".

Tomarse en serio a Bertín –un tipo que no se toma en serio ni a sí mismo– es un error de apreciación y una pérdida de tiempo. Hay gente en España, a derecha e izquierda, que suelta unos exabruptos lamentables (pensemos en Juan Carlos Monedero o en Santiago Abascal) que todos nos tragamos como si fuese lo más normal del mundo. Y hablo de gente con algunas posibilidades reales –aunque no muchas, espero– de influir en la vida política de este país desde sus respectivos roles de bolchevique resentido e imitador de José Antonio Primo de Rivera.

Lo más grave que ha hecho Bertín contra el pueblo español es haber grabado cosas como 'Amor mediterráneo' y 'Como un vagabundo', delitos francamente menores. Pero a él no le interesa la política, pues sus prioridades son vivir bien, casarse con mujeres vistosas –la difunta Sandra Domecq Williams y la venezolana Fabiola Martínez Benavides–, tomarse sus copas, dar paseos a caballo, comer jamoncito del bueno y, sobre todo, largar durante el tiempo que haga falta con el primero que le ponen delante, como ha demostrado en sus programas 'En la tuya o en la mía' y 'Mi casa es la tuya'.

Ricachón con aires bohemios

Norberto Juan Ortiz Osborne (Madrid, 1954) se convertirá en el noveno conde de Donadío de Casasola cuando fallezca su señor padre, pero se intuye que seguirá ejerciendo de campechano. Ricachón con pujos de bohemio a su manera, el hombre empezó a estudiar para ingeniero agrónomo en Valladolid, pero abandonó rápidamente la facultad para dedicarse a cantar en clubs. Tuvo un éxito inmediato a principios de los 80, con títulos tan gloriosos como los dos citados, y sigue sacando discos, aunque hace tiempo que se le conoce más por la tele y sus capacidades como bocachancla que por sus hazañas musicales (algunos aún lo recordamos presentando el concurso 'Scavengers' disfrazado como de gladiador espacial).

Nadie duda de que es un hombre de orden, pero la manía que le han cogido se me antoja desmesurada y propia de quien disfruta matando moscas a cañonazos. Desempolvar un vídeo de 1985 en el que reconoce haberle levantado la mano tiempo atrás una mujer –luego dijo que se trataba de su revoltosa hija Claudia, de 5 años, aunque esta nació en 1989– apunta a un linchamiento a alguien que ni quiere ni puede ser tomado muy en serio. ¿No deberíamos empezar a preocuparnos por quienes sí son un peligro real para la democracia española en vez de cebarnos con un tío muy simpático que sí, es de derechas, pero no el energúmeno que algunos se empeñan en retratar?