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MIRADOR

El presidente del PDECat, David Bonvehí.

EUROPA PRESS

Llamémosle Convergència

Roger Palà

Todo el debate sobre nombres solo busca ocultar que la vieja CiU de Mas es en gran medida el mismo partido de Puigdemont y Torra

David Bonvehí, presidente del PDECat, sorprendió hace unos días con unas declaraciones en las que acusaba ERC de haber virado hacia las posiciones de la antigua Convergència Democràtica de Catalunya (CDC). "ERC intenta ocupar el espacio que ocupábamos nosotros y ha dejado el independentismo algo aparcado", afirmaba. Las declaraciones de Bonvehí ocurren en un momento de tensión entre los republicanos y Junts per Catalunya (JxCat) en el marco del debate sobre cuál debe ser la respuesta política a la sentencia del 1-O y cuál es la estrategia que debe seguir el independentismo.

No hay duda de que ERC intenta legítimamente convertirse en el espacio central del independentismo, como en otras épocas la antigua CiU lo fue del catalanismo. Y con algunos altibajos parece que lo va consiguiendo. Lo señalan sus resultados electorales en el Congreso y los municipios, así como la mayoría de encuestas, que le dan una mayoría sólida en caso de que hubiera elecciones al Parlament. Para alcanzar este objetivo, es posible, como dice Bonvehí, que los republicanos hayan modulado algunos de sus posicionamientos aplicando dosis de pragmatismo. Una estrategia que puede gustar más o menos, pero que parece que de momento da resultados.

Ocurre, sin embargo, que Bonvehí olvida que la vieja Convergència no representa sólo pragmatismo y moderación. Representa otras cosas a las que ERC no podría asimilarse aunque quisiera. La primera de todas y más importante: su estrecha vinculación con numerosos casos de corrupción. Empezando por el 'caso Palau' (donde quedó acreditado el desvío de fondos hacia las fundaciones de Convergència), pasando por el 'caso 3%' (que todavía se está investigando y que afecta a numerosos ayuntamientos postconvergentes) y, sobre todo, el denominado 'caso Pujol', probablemente el mayor escándalo de corrupción de los últimos 40 años en Catalunya.

Al borde del colapso

La vieja Convergència a la que hace referencia Bonvehí también era eso: una organización que habría contribuido a la comisión de un "negocio criminal", en palabras de un informe de la UDEF que ha trascendido este verano y que cifra en 290 millones de euros el botín de la familia Pujol. Un patrimonio que Pujol y sus hijos habrían alimentado a través del cobro de comisiones por adjudicaciones públicas a varias empresas, que también habrían servido para financiar CDC.

El mundo convergente se encuentra al borde del colapso. Lo que no hace mucho era un partido sólido como una roca es hoy un espacio fragmentado en múltiples facciones, políticamente desorientado y con unas expectativas de futuro nada propicias. De ahí todo el debate sobre los nombres: primero el PDECat, después JxCat, más tarde La Crida... Cuando tienes tantos problemas para identificar a tu proyecto, probablemente es que el problema principal es tu proyecto en sí. Porque tal vez todo el debate sobre los nombres lo que busca es ocultar que la vieja Convergència de Artur Mas es en gran medida la misma Convergència de Carles Puigdemont y Quim Torra, por mucho maquillaje y retórica rupturista que se quiera añadir. Quizás al final todo es más sencillo: llamémosle Convergència.