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Al contrataque

Los Mossos identifican a varias personas ante el Palau de la Virreina, el jueves de la pasada semana.

Ferran Nadeu

El descrédito de Catalunya

Antonio Franco

Es perceptible cierto frenazo en la prosperidad y un disparo al alza en la desigualdad, un Govern inoperante y una presidencia de la Generalitat desprestigiada. Por decirlo de una forma fina: Catalunya ha perdido encanto

Catalunya no está en buen momento y lo sabe. También lo saben España, que tampoco está como para tirar cohetes, y la comunidad internacional. Eso hace psicológicamente mucho daño porque los catalanes siempre hemos vivido pendientes –y orgullosos-- de cómo se nos veía porque sabíamos que proyectábamos una imagen positiva de sociedad viva, rica, culta, dinámica y con una interesante personalidad propia. Ahora no es así. Nos saben conflictivos, desunidos, quisquillosos. Es perceptible cierto frenazo en la prosperidad y un disparo al alza en la desigualdad, un Gobierno propio inoperante y una presidencia de la Generalitat desprestigiada. Por decirlo de una forma fina: Catalunya ha perdido encanto.

La política tiene mucho que ver en ello. Visto desde el exterior ya se ha perdido cierto sabor épico que creaba la propaganda que nos vendía como protagonistas de un hermoso 'procés' en busca de la independencia. Ahora la comunidad internacional ya conoce que eso se hacía contra la voluntad contraria de la mayoría y vulnerando leyes aprobadas por todos. También sabe que el juicio que al principio llamó tanto la atención lo que intenta es castigar hechos técnicamente delictivos y no ideas, pues las ideas independentistas viven a la luz del día desde hace muchos años e incluso gobernaban sin problemas antes de aquellos hechos presuntamente delictivos. Los desaforados excesos puntuales de la policía española van quedando en su sitio pasando porque otras policías de otros países los han normalizado quitándoles originalidad y fuerza porque hacen continua y desgraciadamente lo mismo en otras democracias, como hemos visto esta misma semana en Biarritz-Bayona al actuar contra el muro cívico más o menos pacifista que protestaba por el deterioro del clima.

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Barcelona también contribuye a la imagen declinante. Posiblemente por mala voluntad política, el Gobierno español del PP recortó sensiblemente en su momento el número de agentes policiales en la ciudad y el Gobierno catalán de signo secesionista desatendió después las peticiones de compensarlo con más 'mossos'. Lo que tal vez buscaba crearle problemas y desacreditar a la alcaldesa alternativa Ada Colau al final se ha convertido en un gravísimo problema de seguridad urbana que se ha convertido en famoso en todos los países que nos envían turistas. Ahora, tarde, Madrid y la Generalitat todos corrigen la locura, pero costará recuperar el prestigio de ciudad cálida y segura.

Los descréditos no son insalvables pero hay que trabajar a fondo rectificando las malas actitudes y corrigiendo de verdad los errores para superarlos. Esa es la única hoja de ruta posible.

Temas: Catalunya