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LA INVESTIDURA

Vista general del hemiciclo del Congreso, durante la sesión constitutiva de la Cámara, el pasado 21 de mayo.

EFE / JAVIER LIZÓN

Suspenso en septiembre

Sonia Andolz

Los partidos tienen el deber de intentar formar Gobierno para empezar aquello para lo que obtienen votos: gobernar

El final del verano y el inicio del curso político llegan sin que tengamos idea de qué va a ocurrir en la posible formación de un Gobierno para el Estado. Poco hemos sabido de las negociaciones o el diálogo entre los distintos partidos más allá de sus (des)encuentros respecto a los temas surgidos durante las vacaciones. 

El más paradigmático, sin duda, ha sido la gestión que el Gobierno en funciones ha hecho del barco de rescate de la oenegé Open Arms. Si bien tradicionalmente el socialismo europeo había sido proclive al asilo y acogimiento de personas migrantes, los últimos años la familia socialdemócrata se tambalea entre contentar a ciudadanías cansadas de soportar el peso de la crisis y las medidas de austeridad, limitando así el auge de la extrema derecha, y conciliar esos valores de solidaridad, justicia social e igualdad entre pueblos que son parte fundamental de su propia identidad. Siguiendo esta dinámica, el PSOE ha enfrentado ese debate en su propio espacio mientras una oposición le exigía poner un límite claro (e ilegal) a la acogida de posibles solicitantes de asilo y otra que dejase de dudar y simplemente permitiese lo que marca la ley: que todo barco de rescate pueda atracar en puerto español. 

En segundo lugar, este verano se han seguido sucediendo crisis que, sin ser estatales o teniendo un efecto no uniforme, sí que requieren de la existencia de un Gobierno sólido y efectivo al frente del Estado. Incendiosemergencias sanitarias y debates fiscales que afectan a la estructura políticoadministrativa del país urgen de liderazgo y dirección política. Aún más, la violencia machista ha seguido matando todo el verano y ante la posibilidad de que partidos que minimizan o incluso ridiculizan esta lacra puedan acabar teniendo peso en otro posible Gobierno, el incentivo para alcanzar acuerdos de investidura debería ser más transversal aún. Sin olvidar que en el horizonte está la sentencia judicial a los presos catalanes

Cara a la galería

La formación de Gobierno urge y será más difícil cada vez. El debate entre opciones políticas no puede definir el diálogo entre distintos niveles administrativos -léase comunidades autónomasayuntamientos, Estado- como lo hace ahora. Saber que el Gobierno del Estado pende de ello predispone a los partidos de forma estricta y rígida. Mientras no esté decidida la investidura, todo sigue siendo en clave seudoelectoral y los bloques y oposiciones trabajan atados de manos y aún más cara a la galería de lo habitual. Está situación nos daña a todos.

Vivir en democracia significa que entre todos decidimos cómo organizarnos y funcionar. Para ello, es necesario que haya unas estructuras y recursos funcionando pero, a pesar de que parezca que pueden hacerlo de forma mecánica, toda política pública requiere recursos para ser implementada. Los partidos políticos tienen el deber de intentar formar Gobierno para empezar aquello para lo que se presentan a elecciones y obtienen votos: gobernar. Llevarnos a otra cita electoral sería un fracaso de sus capacidades gubernamentales: negociar, reformular, proponer, sacrificar y volver a empezar. De repetirse elecciones, los suspensos en septiembre serán para ellos, no para el electorado.