21 oct 2020

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Dos miradas

Ministro de Interior italiano, Matteo Salvini, durante una entrevista.

Carlo Cozzoli

La exhibición

Josep Maria Fonalleras

Salvini aprovecha las redes para exaltar la devoción por un talante chabacano que le iguala con una masa que lo contempla como uno de los suyos

Hace unos días, Filippo Ceccarelli, en 'La Repubblica', escribía un reportaje con la excusa de una foto que Salvini había colgado en Twitter. Se le veía sentado en su despacho, sonriente, con una camisa blanca, y con un texto que decía: "Trabajando para evitar el desembarco de 500 inmigrantes". El artículo, en clave irónica, apuntaba que Salvini aparecía "en el lugar más extraño, el Viminale", es decir, el Ministerio del Interior. Lo decía,claro, porque el personaje, aparte de provocar crisis de todo tipo, se ha pasado el verano enseñando en la playa un cuerpo más bien mórbido o dando arengas en las plazas o cantando 'Felicità' con Al Bano. "Su rito veraniego y eufórico", añade Ceccarelli.

  

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Salvini vive de esta pornografía personal y aprovecha las redes para exaltar la devoción por un talante chabacano que le iguala con una masa que lo contempla como uno de los suyos. Y "basa su poder", como dice el filósofo Daniel Gamper, "en la facultad de transformar todas las menciones en eco público hasta conseguir infiltrarse en las conciencias". Se exhibe él mismo y exhibe todo lo que, bueno o malo, le convierte en protagonista. Así se construye un liderazgo en los tiempos oscuros que vivimos.