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Dos miradas

Una patrulla de los Mossos d’Esquadra en la Barceloneta.

RICARD CUGAT

Entre tonterías

Emma Riverola

El temor nos vuelve desconfiados y, a la vez, vulnerables al populismo de la protección. Minimizar la inseguridad solo separa al poder de la calle

La (in)seguridad de Barcelona ha sido el tema del verano. A unos datos irrefutables se ha unido el lodo conspiranoico, ese residuo sucio y pringoso de la tempestad. Que algunos colectivos hayan llegado a la paranoia actual, solo puede explicarse por el batacazo superlativo de las ilusiones. Tan dura ha sido la caída, tan superiores se creían, que solo un perverso complot de las fuerzas oscuras puede haberla ocasionado. En ese barro de maquinaciones, también se incluyen los avatares de Barcelona. Hay teorías para todo. Desde que los delincuentes han sido traídos por el Estado para desestabilizar Catalunya, hasta negar las cifras y achacarlas a campañas de desprestigio. El delirio ha llevado incluso a ver la mano negra en el obús encontrado en la Barceloneta.

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Y así, entre tonterías, se nos va el brío y el pensamiento. Nadie quiere vivir con miedo. Los ricos siempre pueden comprar seguridad. Al resto solo les queda el orden público. El temor nos vuelve desconfiados y, a la vez, vulnerables al populismo de la protección. Minimizar la inseguridad solo separa al poder de la calle. Así se pierden alcaldías y países enteros.