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Análisis

El Barça quiere repetir las buenas sensaciones de la semana pasada. 

JORDI COTRINA

¿Para qué queremos a Neymar?

Jordi Puntí

La presencia de Neymar puede ser ese rizo que convierte las obras barrocas en un exceso rococó

Nada, no me acostumbro a esta Liga que empieza en agosto y con el mercado de traspasos todavía abierto. Es como empezar las clases en la escuela sin tener todos los libros de texto. Me imagino que los fabricantes de álbumes de cromos van como locos estos días, hasta el 31 de agosto, viendo cómo se hacen y deshacen los fichajes. Especialmente en los equipos grandes, siempre tan insatisfechos, y con unos directivos que han convertido el mercado en su tablero de Monopoly. Por otra parte, no entiendo cómo los entrenadores permiten este atropello. Todo su prestigio y su trabajo dependen de los caprichos de unos y otros. Y ahí tenemos a Zidane, confiando el ataque del Real Madrid a dos descartados -Bale y James-, y a Valverde rezando para que, de camino hacia el Valencia, Rafinha todavía meta algún gol para el Barça.

Si a este sinsentido le añades las lesiones inoportunas de Suárez, Messi y Dembélé, se entiende que Valverde presentara ayer un Barça como de pretemporada. Sin embargo, a pesar del perfil bajo al que nos tiene acostumbrados, la cita sirvió para algo más que una puesta a punto, incluso permitió sacar conclusiones.

La primera es, claro, si queremos que venga Neymar. O mejor: si necesitamos a Neymar. Me pregunto si su presencia no sería ese último rizo rizado que convertía las obras barrocas en un exceso rococó. Ayer en la delantera Griezmann, con su capacidad para jugar al primer toque y su instinto goleador, demostró que puede añadir mucha purpurina a este Barça. Y Carles Pérez cumplió con creces como doble de Luis Suárez: luchador incansable y 'torracollons' con los defensas, puede convertirse en el Brad Pitt del uruguayo. En cuanto a Rafinha, ya lo sabemos: es ese jugador que siempre es casi muy bueno: ayer dejó buenas combinaciones, quizá hasta que se dio cuenta de que no estaba siendo el protagonista. Otro que riza rizos.

El juego resultó más fluido, más líquido, gracias a la presión para recuperar balones

Las apuestas de Valverde para el centro del campo también dejaron algunas conclusiones: la más importante es que el motor puede funcionar sean cuales sean las piezas, combinadas de distinta forma, incluso si el entrenador no acaba de acertar con su posición. Sergi Roberto dio su mejor imagen, pero el partido de De Jong, demasiado escorado a la izquierda, lo habría mejorado Aleñà, y a su vez De Jong habría hecho mejor algunas cosas de Busquets. Pero en conjunto dio la impresión de que el juego era más fluido, más líquido, sobre todo gracias a la presión para recuperar balones (se dieron un hartón). A ellos habrá que añadirles a Arthur -de momento sorprendentemente, atónitamente, absurdamente inédito- y ya no habrá quien les pare. Queda por ver el futuro de Rakitic, que quizá no aceptará fácilmente esta obra colectiva, donde no debería haber secundarios, sino alternativas. Veremos.

Y luego está Ansu Fati. El debut del joven fue una buena noticia, ciertamente, pero tal como iba el partido tiene un punto exhibicionista por parte de Valverde, incluso esnob. Solo la temporada que viene nos dirá si fue una declaración de intenciones, de apostar por los jóvenes -¡Riqui, calienta!- o fue un brindis al sol.