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Cumbre en Biarritz

Macron y Trump almuerzan en Biarritz.

REUTERS / Carlos Barria

'Get the pose': el G-7, foto de familia y poco más

Ruth Ferrero-Turrión

Quedará en evidencia, una vez más, la desunión entre los países que conforman este grupo y su falta de utilidad para enfrentarse a retos esenciales

Se celebra estos días la 45ª edición del G-7 (hasta el 2014, G-8) en la ciudad vascofrancesa de Biarritz. Es la séptima vez que Francia es la anfitriona de esta reunión. Pero es quizás la primera vez que se sabe se antemano que no habrá conclusiones finales y consensuadas de la misma. Y esto se ha hecho así para evitar generar unas expectativas infundadas ante la posibilidad de alcanzar acuerdos en materias que de vital importancia para la ciudadanía de las siete economías más importantes del mundo (Alemania, Italia, Reino Unido, Canadá, Estados Unidos, Francia y Japón) y, por extensión de todo el planeta. Desigualdad económica, de género, medioambiental, la reforma de la OMC son los ejes de debate en la agenda de la reunión.  

Quizá sea por eso que este año han sido invitados a esta reunión Australia, Chile, la India de Modi, Sudáfrica, Senegal, Burkina Faso y Egipto, potencias emergentes en cada uno de los continentes. Macron también ha invitado a Sánchez, probablemente por la proximidad y el juego de alianzas que está tejiendo en el seno de la UE. O quizá, la intención del presidente galo sea la de restarle protagonismo a uno de los líderes más rebeldes y que más cuestiona el multilateralismo, Trump, tras el sonoro fracaso de la reunión del año pasado en Canadá. 

A pesar de que los temas a discutir son lo suficientemente relevantes, todo hace prever que no veremos avances en ninguno de ellos. Casi con toda probabilidad se hablará más de Trump y sus peculiaridades, a las que ahora se sumará también Boris Johnson. Y, por supuesto, quedará en evidencia, una vez más, la desunión entre los países que conforman este grupo y su falta de utilidad para enfrentarse a retos esenciales en un panorama geopolítico extremadamente cambiante en el que un enfoque únicamente occidental de gobernanza global no es operativo. 

Sin China ni las potencias emergentes

Un grupo de países entre los que no se encuentren China y otras potencias emergentes y sin capacidades institucionales (es importante recordar que se trata de una reunión informal no vinculante) para tomar decisiones, es simplemente innecesario. Si a ello añadimos que su principal valor añadido era presentarse como una gran alianza occidental, y esta hace aguas, definitivamente el dinero invertido en que los líderes mundiales más poderosos se reúnan podría haber sido empleado en causas más necesarias. 

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Así, con toda probabilidad, no veamos resueltas ninguna de las cuestiones planteadas en la agenda de la reunión, más allá de grandes aspavientos y engolados discursos que, del lado europeo, intentarán hacer creer a la opinión pública que la UE todavía es relevante en un mundo que ya no es Atlántico, sino Pacífico y donde Europa tiene poco o nada que decir. Las consignas serán las de siempre, cumplimiento de los acuerdos y tratados internacionales y la defensa del Estado de derecho. 

Lo dicho, lo que seguro que veremos será una magnífica foto de familia al finalizar la cumbre.