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Editorial

El cierre de Ryanair en Girona

Las instituciones catalanas, con convenios firmados con la compañía, deben hacer valer la importancia estratégica del aeropuerto

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El Periódico

Ryanair amenaza con cerrar la base del aeropuerto de Girona.

Ryanair amenaza con cerrar la base del aeropuerto de Girona. / Josep Garcia (El Periódico)

En el 2004, la compañía de bajo coste Ryanair decidió implantar en el aeropuerto de Girona-Costa Brava su primera base en el sur de Europa. Significó un notable relanzamiento de la instalación gerundense, sumida hasta entonces en la letargia más allá de los vuelos chárter veraniegos. Hasta que la empresa anunció en el 2010 que también operaría sus vuelos en El Prat, el aeropuerto vivió una época esplendorosa. En el 2008, el año récord, viajaron 5,5 millones de pasajeros y la infraestructura se renovó incluso con la construcción de un nuevo y ampuloso párking, siempre con el apoyo económico y político del sector público.

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La noticia del cierre de la base de Girona (alegando un descenso de beneficios y el atraso en la recepción de los nuevos aviones Boeing) es un jarro de agua fría para el sector turístico y para la demarcación en general. Pendientes de la vaga promesa que un ramal del AVE convierta al Girona-Costa Brava en la 'cuarta pista' de El Prat, lo que significaría un empujón decisivo para un aeropuerto en horas bajas, el hecho de que más del 70% de los vuelos sean de Ryanair pende como una espada de Damocles. Que se anule la base, más allá del conflicto laboral, no significa necesariamente que deje de haber rutas en Girona, pero podría ser el anuncio de un declive aun más pronunciado. Las instituciones catalanas, con convenios firmados con una compañía que actúa sin la más mínima consideración, deben hacer valer la importancia estratégica del aeropuerto y actuar con rotundidad y en consecuencia.