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Arquitectura y reciclaje

La antigua fábrica de Fabra i Coats.

DANNY CAMINAL

'Upcycling', a mayor gloria

Núria Iceta

Siempre me han atraído los espacios reconvertidos para nuevos usos públicos de la cultura, tienen una poética especial si son capaces de mantener la personalidad de la historia vivida

El anglicismo 'upcycling' ha popularizado el reciclaje de valor añadido o suprareciclaje, que transforma objetos en desuso en otros de igual o mayor utilidad y valor. A mí siempre me han atraído los espacios reconvertidos para nuevos usos públicos de la cultura. Tienen una poética especial si son capaces de mantener la personalidad de la historia vivida. Reconozco que me acerco a ellos con una predisposición de entrada que a menudo niego a otros espacios de nueva creación, con más vocación de deslumbrar.

La reconversión de antiguos espacios -industriales, sobre todo- como el recinto de Fabra i Coats, o lo que podía haber sido Can Ricart, en Barcelona, o los espacios de las antiguas curtidurías de Igualada son una versión aplicada del "m'exalta el nou, m'enamora el vell", de JV Foix. Quizás el ejemplo paradigmático por las dimensiones del edificio y la vitalidad del proyecto sea la Tate Modern de Londres, un centro de arte en una antigua central eléctrica que ya nos hubiera gustado poder hacer en las Tres Chimeneas del Besòs. (De la iglesia que vi en Berlín reconvertida en discoteca todavía no sé qué pensar).

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Para que el 'upcycling' sea a mayor gloria, ha de respetar la identidad del espacio preexistente, renovarlo sin disparates económicos o de una complicación que acabe por no servir al nuevo uso previsto, desterrar especulaciones urbanísticas, recalificaciones interesadas u operaciones de fachada y no traspasar la fina línea del esnobismo. También me gusta que muchos de estos espacios industriales hayan devenido bibliotecas, un vínculo entre pasado y presente con la correa de transmisión del conocimiento.

El último espacio que he podido visitar este verano es de iniciativa privada. La Galería Cayón abrió el pasado verano un espacio magnífico en el antiguo cine Victoria de Maó que había cerrado en el 2006 tras 89 años de existencia en el edificio del palacio del barón de les Arenes. Sin memoria no somos nada, ni nosotros ni nuestras culturas. Y todo vuelve para recordarnos lo que hemos hecho o lo que no hemos sabido hacer. A mayor gloria o por vergüenza.