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CON INTERÉS

Aviones de Ryanair en el aeropuerto de Madrid.

EUROPA PRESS

Rehenes de Ryanair

Josep M. Berengueras

El anunciado cierre de la base de Ryanair en Girona recuerda que el último perjudicado siempre es el cliente

Ryanair lo ha vuelto a hacer. En plena negociación con empleados, ha puesto sobre la mesa el cierre de bases y el despido de centenares de trabajadores como moneda de cambio.

No es la primera vez, ni será la última. Hace más o menos una década, casi todos los veranos –o pocos meses antes de que este comenzase– llegaba un directivo de la a low cost irlandesa a Barcelona, convocaba a los medios en un hotel de la ciudad y soltaba con más o menos dramatismo que la base de Girona peligraba. Entonces, el motivo era que no era rentable operar, los costes laborales, que se habían reducido las ayudas... Después, la operativa para las temporadas siguientes subía o bajaba dependiendo de los logros de la firma. 

Ryanair recupera ahora aquella estrategia. Esta vez, la amenaza es múltiple: cierre de sus tres bases en las Islas Canarias (en principio iba a dejar la de Lanzarote, pero esta ha entrado en el pack), también la de Girona (no era segura, pero se puso sobre la mesa) y, con ellas, el despido de más de 500 personas. Los motivos dados son los retrasos en la entrega de los aviones Max, el posible brexit duro y la caída de los beneficios. Antes eran otros, pero el resultado era el mismo.

Los sindicatos han convocado huelgas en septiembre que se prevén masivas (siempre que los servicios mínimos no digan lo contrario). Peligran medio millar de empleos directos, y mucho más indirectos porque aunque hay quien lo niegue, el turismo ya no es low cost, es turismo en general, y menos bases implica menos vuelos y menos gasto.

Víctimas

Los ciudadanos, de nuevo, serán los más perjudicados. Habrá quien se quede sin volar, quien tenga que pasar días de más en el aeropuerto, quien se pelee durante meses para lograr una compensación. Pero es que a partir de enero, visto el plan de la firma, serán muchos más los que no tengan ni siquiera la opción de comprar un billete porque la aerolínea ha suprimido vuelos. Como siempre, rehenes víctimas de decisiones empresariales difíciles de justificar.

Temas: Ryanair Turismo