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Reconstrucción tras la tragedia

Explosión controlada para demoler los restos del puente Morandi, en la localidad italiana de Génova.

MASSIMO PINCA (REUTERS)

Del puente Morandi al puente Piano

Josep Maria Fonalleras

La explosión programada del puente caído de Génova es una demostración de cómo la ruina puede convertirse en belleza

Hemos conmemorado recientemente el primer aniversario de la tragedia del puente Morandi, en Génova, que provocó 43 muertos, generó unas imágenes espeluznantes (el vacío inmenso, el estruendo, pero también aquella furgoneta al borde del abismo) y un desbarajuste enorme en la circulación y la vida de la ciudad. El 28 de junio, semanas antes de la efemérides, el puente que había sido ejemplo de la ingeniería civil y que se había ido deteriorando con los años y con el desgaste de los materiales se hundió del todo con una explosión programada que duró cinco segundos y que es un ejemplo extraordinariamente fascinante de cómo un derribo se puede convertir en un espectáculo. Pequeñas piscinas colocadas estratégicamente y un montón de surtidores de agua que se activaron en el momento de la explosión evitaron que el polvo se apoderara de Génova. Se depositó suavemente sobre el Polcevera. Mírenlo. Parecen fuegos artificiales. Es una demostración de cómo la ruina puede convertirse en belleza, de cómo la demolición de las ilusiones tiene siempre un instante de plenitud.

Ya han empezado las obras del nuevo puente y dicen que en abril del año que viene ya se podrá circular por él. Aún no tiene nombre, pero quizá lo conoceremos como Piano, Ponte Piano, que es el nombre del arquitecto que lo ha ideado. Quizá por ello, en honor al apellido, advierte: "Hay que ir deprisa, pero, como decía mi padre, sin alborotos: es necesario un tiempo justo, el número de horas que toquen". Lo declara en una entrevista en 'La Repubblica', en la que, simulando que habla de puentes, en realidad diserta sobre la belleza y la utilidad.

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Renzo Piano dice que no han buscado insensateces sino una construcción sólida con tres bloques de acero que quieren parecerse a la quilla de una nave, la Génova que resurge y mira al mar. No se trata de exagerar: "Los genoveses no somos una gente muy enfática; buscamos las cosas simples pero no banales. Y yo creo que el puente es bello de la forma en que saben ser bellas las cosas que son de verdad". El proyecto es sencillo y sin florituras: el único ornamento son los 43 puntos de luz en forma de velas, como discreto homenaje a las víctimas. Es un descanso para Génova y para la humanidad que Renzo Piano ganara el concurso. El otro candidato era Santiago Calatrava.