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Editorial

Reglas claras para el patinete eléctrico

Un policía retira un patinete eléctrico en una calle de París, el lunes pasado.

Un policía retira un patinete eléctrico en una calle de París, el lunes pasado. / EFE / CHRISTOPHE PETIT TESSON

Hace un año, el patinete eléctrico vivió un boom que lo convertiría en el protagonista de la movilidad urbana sostenible. Asentado el fenómeno, y con una presencia innegable en las calles, se han hecho evidentes también algunas de sus limitaciones y riesgos. El descontrol a la hora de aparcarlo lo deja en desventaja frente a los servicios, más fácilmente disciplinables,  de moto y bicicletas de alquiler compartido. Las ventajas ambientales. especialmente frente al transporte público colectivo y la bicicleta, no están tan claras, y las prestaciones palidecen ante las motocicletas eléctricas. Pero sobre todo inquieta su dificíl convivencia con el peatón.

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La experiencia de años de presencia de la bicicleta en la vía pública está enseñando lentamente a administrar el espacio en torno a ella (los 1,5 metros de distancia en carretera, los carriles bici y el veto en las aceras en las ciudades). Pero las características del patinete eléctrico, liviano pero al mismo tiempo capaz de alcanzar velocidades respetables, hacen que allí donde no se ha regulado su uso, o donde nadie vela por que se cumpla la normativa, se infiltre entre el tráfico como un vehículo especialmente vulnerable y entre los peatones como una amenaza imprevisible. La situación de provisionalidad del Gobierno en funciones ha impedido que se apruebe la normativa que lo expulsa de las aceras y limita su velocidad máxima. Sin embargo, sigue siendo necesaria para establecer un marco claro que acabe con la confusión a la que lleva la existencia de normativas locales a menudo contradictorias.  

Temas: Patinetes