26 feb 2020

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Aplicaciones móviles

La aplicación FaceApp, en la pantalla de un teléfono inteligente.

AFP

FaceApp y el Giorgione

Josep Maria Fonalleras

La aplicación sería mucho más inteligente si fuera posible que nos enseñara el perfil de la niñez

Hay un cuadro del Giorgione, en el Palazzo Pitti de Florencia, enigmático como todos los que pintó, que fueron muy pocos, en el que coinciden tres hombres, con un fondo negro. Tanto pueden ser tres personajes contemporáneos que se encuentran en un espacio común como la evolución diacrónica de un solo personaje que vive la ilusión de la sincronía en ese mismo espacio neutro. El cuadro se llama 'Le trè età dell’uomo', y representa la evolución del tiempo no solo en el rostro sino en la actitud de los hombres.

La adolescencia, ávida de conocimiento, pura en su empeño; la madurez, que indica el término justo, que acota la sabiduría con racionalidad; y la vejez, que prescinde de todo lo que sabe y que, en lugar de aleccionar a los jóvenes, mira al espectador con una mezcla de insolencia y de indiferencia. El viejo, sin ser tan desdentado y decrépito como la otra vieja que retrató el Giorgione, consigue crear, con su mirada, la atmósfera inquietante de todas las obras del pintor, sobre todo 'La tempesta', también construida a partir de una mirada que nos interpela.

La aplicación del verano

Es decir, la aplicación que ha vuelto a estar de moda este verano, 'FaceApp', ya hace tiempo que se inventó. Al parecer tenemos interés en conocer con detalle la senectud, a descubrir el rostro de la senilidadcomprobar cómo seremos cuando seamos ancianos.

Yo no me he apuntado al carro del conocimiento de la vetusta faz por varios motivos: porque ya me hago una idea sin ayuda virtual; porque no tengo ganas de saberlo (incluso me produce una cierta urticaria); y porque creo que la aplicación sería mucho más inteligente (aun admirando el detalle de los pliegues que es capaz de imaginar, las arrugas y las papadas) si fuera posible que nos enseñara el perfil de la niñez, la piel que todavía no es un campo cultivado, lleno de surcos, la inocencia de quien no teme las dificultades.

Calla, que eso ya lo tenemos. Solo se trata de remover álbumes antiguos y recordar el futuro que teníamos entonces entre las manos. Sabremos cómo éramos en aquella edad de oro. Y veremos en qué nos habíamos de convertir cuando llegara la edad de hierro.

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