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 Un robot en la línea de montaje de Volkswagen en Wolfsburg.

AFP / PHILIPP GUELLAND

Demasiados coches

Josep-Francesc Valls

¿Es malo que un país produzca automóviles sobre todo en la gama media y alta? Ni mucho menos. ¿Y si además de la industria automovilística, ese país sobresale en ingeniería mecánica, en equipamientos eléctricos y electrónicos o en productos químicos? Miel sobre hojuelas. Se trata de uno de los países con el sector industrializado más potente del mundo (27,6%), que emplea al 27% de la población laboral. A ello hay que añadir unos buenos salarios, una tasa de desempleo técnica (4,9% en junio), un superávit comercial considerable y una deuda estatal por debajo del 60%.

Esta es la Alemania, que, según la medición clásica de la recesión, amenaza con entrar en ella. ¿Qué le ocurre? No es lo mismo ser capaz de producir algo excelente que venderlo. Para lo segundo se requieren compradores interesados y con capacidad adquisitiva. Algunos países como el nuestro mantienen un ritmo de PIB superior, pero la mayoría de las economías de los países comunitarios se están enfriando. El 'brexi't más salvaje a dos meses no solo amenaza con profundizar el empeoramiento de la situación en Europa, sino que las consecuencias alcanzarían a la raíz de la unión en este periodo provisional en el que vivimos, después de unos años de equilibrio bastante inestable.

Si a nivel interno, la situación no es halagüeña, el nuevo escenario mundial de la era Trump no permite entrever grandes ciclos expansivos en Asia. En el supuesto de que el enconamiento de la guerra comercial con China acabe favoreciendo a Estados Unidos –lo cual nadie sostiene para un medio plazo-, es evidente que no suma ni optimismo ni nuevos compradores en la zona más innovadora del planeta.

Debilidades

Si no aparecen compradores interesados y con capacidad adquisitiva, de poco sirve fabricar buenos coches, excelentes productos mecánicos, eléctricos o electrónicos. Desde esta óptica aparecen algunas de las principales debilidades de la economía alemana. La primera, la producción industrial cayó en junio un 5,2%, viniendo de descalabros anteriores; parecería que existiera un desequilibrio entre lo que el mercado solicita y lo que el país produce: sobrarían coches convencionales y faltarían móviles, telecomunicaciones, vehículos eléctricos, baterías eléctricas, inteligencia artificial… La segunda, el déficit de personal tanto cualificado como no; en plena crisis del Open Arms, Alemania tiene casi un millón y medio de puestos vacantes (Instituto Investigación del Mercado de Trabajo y Empleo, 2019), como consecuencia del envejecimiento de la población y de las demandas de innovación. Y el tercero tiene que ver con la digitalización. A pesar de tratarse de un país con un elevado número de multinacionales –algunas de las cuales recortan beneficios estos días-, las empresas unicornio son reducidas si las comparamos con los países competidores.

Estamos hablando de la locomotora económica de Europa. De la base de la Unión. Del fundamento de los mercados. Del modelo económico más consolidado en esta área. Claro que preocupa que Alemania pueda entrar en recesión. A nivel alemán, se halla en plena fase de transición política, lo cual le obligará a replegarse mucho más que en los últimos años. A nivel europeo, sigue siendo indispensable para la pervivencia de Europa, amenazada en tantos frentes.

Temas: Alemania