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Editorial

El MeToo alcanza a Plácido Domingo

El tenor Plácido Domingo durante la presentación de la producción ’Macbeth’, de Giuseppe Verdi, en Valencia.

El tenor Plácido Domingo durante la presentación de la producción ’Macbeth’, de Giuseppe Verdi, en Valencia. / MIGUEL LORENZO

Ocho cantantes y una bailarina acusan al reconocido tenor Plácido Domingo de acoso sexual. A su confesión a la agencia Associated Press se ha sumado la de media docena de otras mujeres que también han relatado haberse sentido incomodadas por las proposiciones de Domingo y casi tres docenas de profesionales que afirman haber sido testigos de su comportamiento inapropiado. Los hechos habrían tenido lugar durante tres décadas a partir de finales de los 80 en lugares como la Ópera de Washington, la Ópera de Los Ángeles y otros famosos teatros. Según lo relatado, el acoso se enmarcaría en una situación de abuso de poder que determinaría las carreras profesionales de las mujeres.

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En su descargo, Domingo ha apuntado en un comunicado que las «reglas y estándares por los cuales somos, y debemos ser, medidos hoy son muy diferentes de lo que eran en el pasado». Afortunadamente, es así. Y este logro no se ha alcanzado por generación espontánea, sino gracias al valor de tantas mujeres que se han atrevido a denunciar públicamente las situaciones de acoso y abuso sufridas. Campañas como el MeToo han puesto un altavoz donde antes solo había un silencio de impotencia y vergüenza, ha hecho visible el sufrimiento de una infinidad de mujeres víctimas de un machismo que pretendía someter su cuerpo y su proyección profesional. Frente a la impunidad de los agresores y la complicidad del silencio, el feminismo está dictando algunas pautas en pos de una sociedad más justa e igual.