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Editorial

El regreso del peronismo

Macri paga el precio de haber gestionado la crisis tranquilizando solo al FMIy a las grandes fortunas

Mauricio Macri, después de votar en Buenos Aires.

Mauricio Macri, después de votar en Buenos Aires. / AP / TOMÁS F. CUESTA

La apabullante victoria obtenida por el ticket Alberto Fernández-Cristina Fernández de Kirchner en las primarias habidas el domingo en Argentina vaticina el regreso al puente de mando del peronismo en las presidenciales de octubre. Frente a los vaticinios de última hora y a la esperanza de los mercados de que el justicialismo lograría una victoria remontable, los 15 puntos de ventaja –47% frente a 32%– dejan claro que Mauricio Macri, que aspira a la reelección, ni siquiera parece capaz de forzar al peronismo a disputar una segunda vuelta dentro de dos meses.

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Los demoledores efectos de la crisis económica, el fracaso de la receta neoliberal con la que Macri llegó a la Casa Rosada y el rápido olvido de los desmanes peronistas durante el último mandato de Fernández de Kirchner facilitan el enésimo renacimiento del peronismo. El extraño método de primarias vigente en Argentina, que no es más que un preámbulo de las presidenciales, aunque en su origen quiso emular las primarias que los dos grandes partidos celebran en Estados Unidos, no ha hecho más que certificar lo que es un secreto a voces: que Macri ha gestionado la crisis dentro de la más estricta ortodoxia, ha atendido los requerimientos del Fondo Monetario Internacional y ha tranquilizado a las grandes fortunas, pero ha cavado su tumba política. Ni los casos de corrupción que jalonaron la última presidencia peronista ni las sospechas de política de alcantarilla en casos como el de la muerte del fiscal Alberto Nisman, que alcanzan a Fernández de Kirchner, han dañado las expectativas de victoria de quienes, como tantas veces, se presentan como los restauradores del mensaje progresista frente al del establishment. Que el ideario peronista tienda al populismo y a la inconcreción ideológica importa poco en una sociedad que ha convertido el legado del general Perón en lo único genuinamente argentino del abanico político. Y es improbable que de aquí a octubre cambie el signo de los acontecimientos por mucho que se alarmen las finanzas globales y que se agrave la situación en el país.

Todo indica que volverá el peronismo al poder, convertido una vez más en factor presuntamente corrector de la quiebra social provocada por la derecha. Pero en esta ocasión lo hará en un escenario consumido por la pobreza, la deuda exterior, la recesión y el déficit galopante, un marco de referencia que exige realismo y medidas rigurosas y no grandes discursos.