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IDEAS

Daniel Defoe.

Libertalia, paraíso perdido

Xavier Bru de Sala

No se sabe si es recreación o invención de Daniel Defoe, el probable autor de la 'Historia General de los piratas' donde aparecen, narrados con profusión y detalle, los hechos y las ideas de esta comunidad singular. El caso es o parece que, en el siglo XVII, en norte de Madagascar, un francés de buena cuna y un exdominico italiano fundaron una colonia anarquista, precursora de los primeros falansterios. Antes habían pirateado, pero no con calavera sobre fondo negro sino con bandera blanca, símbolo de sus buenas intenciones. Trataban a los vencidos de la manera más humanitaria, liberaban esclavos negros en nombre de la igualdad y abominaban tanto de la vida disoluta como de la discordia.

Los ciudadanos de este pequeño paraíso renunciaban a su nacionalidad y adoptaban el gentilicio latino de 'liberi', libres 

Por contraste con un gran número de piratas, caracterizados por su crueldad sin límites, por la bajeza de sus acciones y por la embriaguez permanente, los dos líderes de esta comuna fraternal eran personas de alta cultura. Además, cosa rara, poseían ideas propias y, lo que es más raro entre los más instruidos, eran hombres de acción que demostraron un valor extraordinario en el combate, así como una gran prudencia y contención en el regimiento de la cosa pública, administrada sobre el principio de la colectivización de los bienes.

El excura, que se hacía llamar Caraccioli, debió de ser un predicador dotado de un poder extraordinario de persuasión. Fuera la cosmogonía suya o del propio Defoe, no la hay más corrosiva contra las religiones ni contra la opresión y la explotación de unos seres humanos a cargo de unos cuantos aprovechados que ostentan el poder. Pasados ​​los principios a la práctica, los ciudadanos de este pequeño paraíso renunciaban a su nacionalidad, francesa, inglesa u holandesa, y adoptaban el gentilicio latino de 'liberi', libres. Para fortuna del narrador, si no pasó de inventor, o por desgracia de la humanidad, Libertalia acabó mal, no por disensiones y peleas sino debido a la hostilidad de los nativos combinada con la acción devastadora de los temporales. Una lástima.