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ANÁLISIS

Homenaje por las víctimas del tiroteo de El Paso.

EPA

El terrorismo blanco

Rafael Vilasanjuan

El diablo está dentro. En una sociedad donde por razones políticas se ha tendido siempre a ignorar el peligro de la extrema derecha, la principal amenaza terrorista, la que ha causado más muertes desde los atentados del 11-S, ya no viene de células islámicas conectadas globalmente, sino de minorías radicalizadas y en particular de los supremacistas blancos. EEUU está siendo atacado desde dentro, sin que hasta la fecha hayan tenido mucho efecto las advertencias de cuerpos de seguridad e inteligencia a pesar de que cada vez hay más muertos.

Casi nos hemos acostumbrado a las matanzas colectivas que suceden al otro lado del Atlántico. Casi todas ellas se han despachado con el pretexto de que eran lobos solitarios, personas desequilibradas y ahí acababa el guión. Clinton restringió el acceso a las armas de asalto, Bush volvió a entregarlas al pueblo americano sin que Obama pudiera revertir la ley. Donald Trump no ha tenido que hacer nada más para mantener a su país como el único del mundo desarrollado en donde no solo es legal, sino aconsejable, tener un arsenal privado en casa. El resto, lo sabemos: en una sociedad tan polarizada como la actual, las masacres se multiplican.

No todas son del mismo signo ni obedecen a los mismos impulsos, pero la matanza en el centro comercial de El Paso, en Tejas, ha puesto por fin el foco en la sucesión de actos terroristas cometidos por supremacistas blancos radicalizados. En El Paso ocho de cada diez habitantes son hispanos. El asesino que logró matar a 22 personas con un rifle de asalto, intentaba emular a quien en marzo pasado había entrado en dos mezquitas en Nueva Zelanda, matando a medio centenar de musulmanes. Islamofobia, antisemitismo o hispanofobia, todo forma parte del mismo clima hostil hacia quienes no son iguales. Una cruzada supremacista que avanza por las redes y que habla en términos de genocidio blanco o el gran reemplazo de locales por inmigrantes.

La propaganda racista inunda internet y algunas de las cadenas de la extrema derecha americana, como Fox, le dan espacios semanales donde se habla de la invasión de hispanos, la plaga de musulmanes o el reemplazo de la sociedad local por los de fuera. La regulación del mercado de armas -la ausencia en este caso- hace el resto. El supremacismo blanco siempre encontrará apóstoles que acaben el trabajo sucio. Frente al terrorismo islámico este es igual de radical, pero no necesita un líder mesiánico. La tolerancia se sienta en la Casa Blanca, con un presidente como Trump que criminaliza a la inmigración y se permite decir a las congresistas de color nacidas en América que vuelvan a sus casas, como si el derecho a decidir quién es americano dependiera de él, o por extensión de los blancos. Es así como el terrorismo supremacista avanza. La amenaza interior se expande y no solo en EEUU. En Austria o en Italia con Salvini los argumentos están igualmente instalados en el poder, solo que en estos países de momento es más difícil obtener las armas.