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Análisis

Josep Huguet y Anna Simó.

RICARD CUGAT / ALBERT BERTRAN

Lo que se cuece en el independentismo

Albert Sáez

La ANC pretende coaccionar a los partidos como hizo en 2015, pero ha llovido mucho desde entonces

No es fácil interpretar lo que está pasando en el universo independentistaReina un desconcierto similar al que se produjo en los meses posteriores a la consulta del 9-N. Recordemos que, en aquella ocasión, tras el éxito de participación pero la inoperancia de los resultados, Artur Mas no quiso convocar elecciones hasta conseguir que Esquerra se sumara a una lista unitaria para aquellas elecciones de 2015 que se etiquetaron de plebiscitarias aunque no las interpretaron así ni los que las promovieron. Ahora, el desconcierto es más intenso y los actores que lo protagonizan están más débiles, al menos hasta que el Tribunal Supremo emita la sentencia. Lo están los dirigentes políticos, Puigdemont desde Bruselas cada vez tiene que gritar más para que se le oiga desde Barcelona y Junqueras desde la cárcel está obligado a hablar por personas interpuestas. Pero lo están también los de las entidades que han crecido en el núcleo del llamado procés. Òmnium mantiene la hoja de ruta con un Jordi Cuixart intermitente y la Assemblea Nacional Catalana (ANC) vive un proceso de disolución interna auspiciado por la personalidad de su actual presidenta, Elisenda Paluzie, veterana del movimiento independentista a la que todos conocen por su enorme capacidad de encabezar todo tipo de escisiones allí donde ha estado. Forma parte de ese segmento del independentismo que siente pánico cuando se ve mayoritario. 

En este contexto, se produce el revuelo actual entorno a la manifestación de la próxima Diada. La ANC explicó este lunes que los dirigentes políticos no serían invitados este año a la zona VIP de la manifestación a pesar de hacer un llamamiento a recuperar la unidad independentista. Con este gesto, Paluzie trataba de asestar un golpe definitivo a Esquerra y Junts per Catalunya a quienes periódicamente, desde la ANC, se les amenaza con ser devorados por "el pueblo" sino siguen las consignas de la entidad. El éxito logrado en 2015 por su anterior presidenta, Carme Forcadell, con su famoso "president, posi les urnes", avala esta estrategia. Pero lo que olvida la ANC de Paluzie es que ha llovido mucho desde entonces. Los partidos han pagado el precio de sus liderazgos, que ahora están en la cárcel o refugiados en Europa. Las maniobras de "pit i collons" ya no funcionan más que en Twitter. La ANC fracasó en su primer intento de promover candidaturas al margen de los partidos con Jordi Graupera en Barcelona, sus últimas movilizaciones han sido de impacto limitado, Òmnium está cada vez más incomoda en las comparecencias conjuntas y las bajas a la entidad se cuentan por centenas.

La negativa de Josep Huguet y de Anna Simó, exconsellers de Esquerra, a participar en una Diada en la que la dirección de la ANC les lanzaba a los pies de los leones, es solo la punta del iceberg de lo que está pasando. A Huguet y a Simó no hay tuitero que les pueda discutir su pedigrí. Con ellos, Esquerra ha decidido no ceder al chantaje. Falta por ver lo que acaba pasando en Junts per Catalunya, si se impone la submisión a la ANC que desean Torra y Puigdemont, o mandan los alcaldes bajo el manto de Mas que conoce bien las consecuencias del envite.