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Huelgas en verano

La estación de Sants, en la jornada de huelga convocada por Renfe.

ELISENDA PONS

"Oro parece..."

Josep-Francesc Valls

Se ofrecen más servicios aéreos o ferroviarios sin contar con que esto exige más personal, mejores procesos, más concreta formación y mejores prácticas

¿Recuerdan aquella adivinanza de infancia: “oro parece, plata no es…”? Resultaba tan ingenua como complicada de resolver. Era evidente, pero a la vez exigía aguzar el ingenio. Algo parecido ocurre cuando llegan las fechas tradicionales del verano español. Tres clásicos. El primero, las huelgas, en este caso, en el transporte ferroviario y en el aéreo. El segundo, los ciudadanos y los turistas en periodo estival de asueto que se convierten en rehenes. Y el tercero, las compañías, que perfilan sus estrategias negociadoras echando a los viajeros contra los sindicatos convocantes.

Mejoran la aviación y el ferrocarril -se supone-, pero también lo hacen la entrega de los paquetes a domicilio, los servicios de telefonía, las tiendas de ropa, los automóviles, cualquier herramienta de bricolaje, etcétera. Las compañías traducen estas mejoras en rapidez de entrega, en automatización, en calidad, en buen trato, en baratura, en cercanía, en durabilidad, en variedad, en moda, en productos kilómetro 0, o en otro montón de valores que conjugan.

Remuneración adecuada

Estas mejoras o estas innovaciones -reales o presuntas- dejan en evidencia en muchos casos la cara b del progreso. Está muy bien que las compañías ofrezcan productos y servicios más novedosos y más atractivos reduciendo costes y alcanzando mejores beneficios. Pero esto sería fantástico si se remuneraran adecuadamente todos los factores productivos. Se pueden modificar esos factores, se pueden sustituir por otros, se puede innovar en las materias primas que los componen, se puede reinventar la cadena de valor. Pero hay que seguir remunerando adecuadamente todos los factores productivos. ¿Qué ocurre? Se ofrecen más y mejores servicios aéreos en los aeropuertos sin contar con que la satisfacción de esos servicios exige más personal, mejores procesos, más concreta formación y mejores prácticas. Se ofrecen más y mejores servicios ferroviarios en verano, pero se opera con las mismas plantillas del invierno. Y podríamos seguir así mostrando numerosos casos de esta cara b. Por ejemplo, las aplicaciones de envío de paquetes a domicilio plantean un servicio novedoso y muy necesario. Lo que ocurre es que el modelo de negocio se sustenta sobre la base de que una parte de los factores productivos, los riders, precaricen su trabajo, aporten el vehículo y se paguen sus autónomos.

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Si los modelos de negocio, tradicionales o digitales, no son capaces de financiar adecuadamente todos los factores productivos, más que negocios parecen filfas: es como un coche sin intermitentes o luces, una camisa a medio tintar, un tren o un avión que siempre llegan tarde. Por muy baratos que sean son incompletos, son inservibles. Crecen las rentas del capital sobre las rentas del trabajo desde hace 20 años y nunca ven los gobiernos ni el momento ni el modo de revertir la tendencia.

Claro que una huelga es desagradable para quien la sufre, para quien la hace y para quien la convoca. Es estéticamente fea. Pero se entiende mucho mejor si se enmarca en este escenario. “Oro parece…”.