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El tablero político catalán

Reunión entre Quim Torra y Ada Colau.

ALBERT BERTRAN

Distensión, estabilidad y colaboración

Xavier Bru de Sala

Si hay doble aprobación de presupuestos, en el Ajuntament y en Parlament, se podrá afirmar sin sombra de duda que la reunión Torra-Colau ha abierto una nueva etapa

Como si estuviera desconectado de toda actividad política que no fuera el simulacro de desobediencia, el 'president' Quim Torra se limitó a salir en la foto. Los protagonistas de la jornada fueron dos viejos conocidos, Ada Colau y Carles Puigdemont, más un ordenado y prudentísimo Damià Calvet en busca de una cierta visibilidad exenta de estridencias.

En principio, la reunión trataba de Barcelona, ​​una ciudad que necesita cargar pilas como el pan que no comen porque se lo niegan. La coincidencia en las prioridades -seguridad, pobreza, emergencia medioambiental, inversiones- y la convocatoria de la Comissió Mixta entre la Generalitat y el consistorio para la vuelta de vacaciones no bastan para disimular el verdadero objetivo de la reunión. Un pacto, o si lo prefieren un inicio de pacto de estabilidad a tres bandas entre JxCat, ERC y los 'comuns'. Pacto centrado en el cambio de cromos en las próximas, respectivas y prospectivas votaciones presupuestarias. ERC se traga el sapo de la pérdida de la alcaldía. JxCat ha dejado de ser para los 'comuns' la reencarnación del diablo poscorrupto, posconvergente y cojuelo. Pocos reproches, para que no se diga, y aún con sordina. Puigdemont, medio reconvertido al masismo -la sombra de Artur Mas es alargada-, abre la puerta a 'permitir' que Pedro Sánchez sea investido a cambio de una unidad independentista que ya es casi un hecho para las dos formaciones que gobiernan Catalunya pero deja fuera a los del morro fuerte. La ANC cada vez más sola. El 'procés' aparcado en vía muerta. En vez de un otoño caliente por la sentencia, se percibe distensión y colaboración. Muchos giros de guión en una sola escena, tal vez demasiados.

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Entre bambalinas, los socialistas se frotan las manos. Aunque quedan más o menos al margen, pero no fuera, de la nueva centralidad que se perfila entre independentistas con 'seny' y 'comuns', esperan recoger sus frutos. ¿Cuándo? Más adelante. Aún no sabemos si Barcelona recibirá un nuevo impulso ni si se emprenderán reformas en profundidad para articular de una vez la gran conurbación. Parece sin embargo que el fantasma de las elecciones autonómicas se aleja. Aunque el múltiple cambio de rumbo se hizo explícito con la máxima claridad, aún es pronto para afirmar que va más allá del sueño de una noche de verano. En otoño lo comprobaremos. Si hay doble aprobación de presupuestos, en el Ajuntament con los votos de la humillada y sin embargo desacomplejada ERC y JxCat y en Parlament con el cambio de mayoría independentista (JxCat, ERC, CUP) por una nueva mayoría soberanista (JxCat, ERC, 'comuns') de mano tendida y mirada larga, se podrá afirmar sin sombra de duda que la reunión Torra-Colau ha abierto una nueva etapa.

El contraste entre Barcelona y Madrid es clamoroso. Mientras en la capital del reino los cuatro partidos se enrocan en sus posiciones cada vez más rígidas y menos proclives al diálogo, en la ciudad y el país de los rebeldes irreductibles y las profundas divisiones sociales, las hachas son enterradas y las pinturas de guerra sustituidas por un set compartido de maquillaje. No es magia. No es un juego. Es política.