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Los retos de la capital catalana

Relanzar Barcelona

LEONARD BEARD

Relanzar Barcelona

Xavier Bru de Sala

Lo que el soberanismo divide, un nuevo barcelonismo puede unirlo para hacer de la ciudad un faro y un referente

Una vez aprobado el cartapacio y distribuidas las áreas del gobierno municipal, no sirve de nada mirar hacia atrás, lamentarse e insistir en las divisiones. Ada Colau es alcaldesa, Jaume Collboni primer teniente de alcalde y los comunes forman coalición con el PSC. Si Ernest Maragall hubiera extendido la mano a todo el mundo cuando se supo ganador o hubiera ofrecido un pacto de izquierdas en vez de vetar al PSC, sería alcalde. Probablemente, a la vista del giro de JxCat, que ha dado la Diputación a los socialistas, el vencedor de las elecciones habría actuado de manera muy diferente. Ya está hecho. Ni muro de lamentaciones ni lloriqueos. Es la hora de Barcelona, ​​de hacer ciudad, de mejorarla, relanzarla, de volverla a soñar. Desde el gobierno, desde la oposición, desde la sociedad.

Es evidente que en multitud de aspectos, del número de habitantes a la capacidad de generar o administrar riqueza, Madrid ha pasado por delante de Barcelona. Algo  inédito. Madrid dispone al menos de tres alcaldes, el titular, el presidente de la Comunidad y el del Gobierno. Del político al económico pasando por el mediático, todos los poderes se concentran allí y miran primero por la megápolis y luego por España. Barcelona dispone de otras cartas, empezando por la buena imagen y la ubicación geográfica, en el centro del eje Ródano-Mediterráneo. Barcelona debe soportar el hándicap de la falta de inversiones, las infraestructuras atrasadas y unas legislaciones y decisiones gubernamentales que no la favorecen. Sin embargo, datos como el número de pasajeros del aeropuerto, la diversificación y la internacionalización de su economía y el éxito de sus congresos invitan al optimismo. Puede que la ciudad viva de rentas y de la inercia de esfuerzos pasados, pero las rentas son positivas y la inercia, aunque no la mejor ni la más rápida, no es una forma de recular.

Unas ciudades ágiles y maleables

Los estados mantienen una fuerza y ​​unas capacidades que les otorgan la primacía en las decisiones que orientan el planeta, pero el futuro, que empieza en el presente, será cada vez más de las ciudades. En el mundo global, los estados mantienen las fronteras y alzan banderas, las ciudades no tienen fronteras y utilizan su nombre por bandera en el mundo global. Los estados son maquinarias pesadas y gripadas, las ciudades son ágiles y maleables. Mientras Catalunya no disponga de un estado propio, o por lo menos propicio, la mejor inversión de los catalanes, piensen como piensen y se sitúen donde sea en el eje nacional, se llama Barcelona. Barcelona es el baluarte de Catalunya y su plataforma de lanzamiento. No hay que distraerse. No vale descuidar la ciudad o expresar hostilidad hacia la capital en nombre del país. Es hora de resucitar el barcelonismo, entendido como una aspiración común, de todos, de hacer de Barcelona un faro y un referente mediterráneo, europeo y planetario de primera magnitud.

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A los hándicaps apuntados provenientes de Madrid, que incluso Foment del Treball cuantifica con cifras de escándalo, se suman las peleas internas, la ausencia de un gobierno metropolitano digno de tal nombre y sobre todo una progresiva falta de ambición, de planteamientos atrevidos, de pensamiento y propuestas a gran escala. Ni el Estado ni la Generalitat miran bastante por Barcelona, ​​por lo que Barcelona tiene que mirar por Barcelona. La Generalitat sigue intervenida y bajo sospecha, Barcelona no, y eso se debe aprovechar. La simple gestión del día a día puede que no lleve la ciudad a la decadencia pero sí a perder posiciones.

Un nuevo espíritu de colaboración

No es que los problemas de inseguridad, las deficiencias cotidianas del transporte, el incivismo, la gentrificación, la contaminación y el crecimiento de las desigualdades no deban ser prioritarios. De manera especial, la crisis de inseguridad se debe revertir de una vez. Es que Barcelona no empieza y termina aquí. Aunque tenga plomo en las alas, debe levantar el vuelo. Mirar hacia dentro no ha de impedir mirar arriba y ensanchar horizontes.

Lo primero que hay que hacer, la condición imprescindible y necesaria, el paso previo, es establecer un nuevo espíritu de colaboración entre los partidos y los grupos municipales. Ponerse de acuerdo por Catalunya es imposible. Pero lo que el soberanismo divide, un nuevo barcelonismo puede unirlo. Debe unirlo. Lo segundo, el cambio de discurso. La mejor manera de contribuir a la decadencia es abonar la deriva acomplejada y derrotista. Barcelona ha superado, y con nota, traumas y heridas mucho peores de los que ahora sufre. Dispone de buenas bases para despegar de nuevo. Es el momento estratégico de jugarlas con ilusión, de jugar bien. Si no es así, nos la jugaremos aún más.