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La estrategia popular

Pablo Casado, este martes en el Congreso, durante el debate de investidura.

DAVID CASTRO

¿Una oportunidad para el PP?

Astrid Barrio

Casado ha puesto de manifiesto en la investidura una estrategia muy alejada de la radicalidad con la que concurrió a las elecciones generales

Una de la imágenes que ha dejado el debate de investidura fallido es un Pablo Casado ejerciendo de líder de la oposición, contundente con el candidato, como corresponde  a quien pretende ser la alternativa, pero ni desleal ni grosero. A pesar de los intentos de diversos grupos de alinear a PP, Ciudadanos y Vox, los populares han tenido un comportamiento moderado, coherente con la estrategia que parece estar ensayando Casado desde el 26 de mayo, una estrategia muy alejada de la radicalidad con la que concurrió a las elecciones generales. Por su parte, tras el fracaso de la alianza PSOE-Podemos, los socialistas dan por cerrada la posibilidad de un Gobierno de coalición con el partido morado y han avanzado que explorarían otras vías. Mientras, desde el PP, significativamente, no se ha descartado la abstención en un nuevo intento de investidura de Sánchez si el PSOE cambiaba de socios, aunque más tarde Casado rectificara. Esta posibilidad, que ahora parece remota, podría tener algunos incentivos para el PP.

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Por un lado porque le situaría como un partido responsable y con sentido de Estado dispuesto a sacrificarse para evitar nuevas elecciones. Y además sin demasiados riesgos de que efectivamente Sánchez fuese investido,  porque de producirse una abstención del PP difícilmente se mantendrían la de Podemos y ERC y el desenlace de nuevas elecciones sería inevitable. Pero no es lo mismo ir a una repetición electoral como responsable del bloqueo que como un partido que ha intentado evitarlo. Por el otro porque le distanciaría del Ciudadanos y de Vox y le colocaría de nuevo en una posición centrada, el espacio en el que a pesar del incremento de la fragmentación y de la polarización,  se siguen ganando las elecciones en España. 

Esta fórmula sería un 'win-win' para PSOE y PP.  Ambos podrían recuperar terreno a Podemos y a Ciudadanos, sus más directos rivales responsabilizándolos del fracaso. Los populares saben que han de hacer la travesía por el desierto y puede tener la oportunidad de hacerlo reforzados. Disponen de dos meses para madurarlo.