05 abr 2020

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LA CLAVE

Pedro Sánchez, en la última jornada del debate de investidura.

ÓSCAR DEL POZO (AFP)

Otro fracaso de la izquierda

Joan Cañete Bayle

No estoy seguro de que las encuestas capten en su magnitud el profundo cabreo y hastío de la ciudadanía, sobre todo pero no solo, de la de izquierdas

Cómo nos hemos de ver: algunas de las palabras con más sentido que se han oído en el Congreso de los Diputados los dos días de investidura las ha pronunciado este mediodía Gabriel Rufián al poner voz a la frustración (por decirlo de forma suave) de gran parte de la ciudadanía tras el fallido intento del PSOE y Unidas Podemos de formar un Gobierno de coalición.«Debería darles vergüenza», dijo Rufián, usando palabras mucho más educadas de las que se oyeron, y se oirán, en redes, bares, playas y conversaciones alrededor de la máquina del café. «Se arrepentirán», también afirmó Rufián, que gana mucho cuando se deja la impresora en el escaño. Era una forma educada de decir lo que piensa mucha gente tras el espectáculo inenarrable de estos días: la próxima vez, que se fastidien, pero dicho en menos fino, ya me entienden. 

Cabreo y hastío

No estoy seguro de que las encuestas capten en su magnitud el profundo cabreo y hastío de la ciudadanía, sobre todo pero no solo, de la de izquierdas, por lo acontecido en los últimos tres meses. Tampoco sé si tantos asesores, 'spin doctors', politólogos, gurús y aprendices de brujo que miden la política en ciclos de noticias y en impactos comunicativos valoran en su justa medida el daño que sus estrategias hacen a la relación entre políticos y ciudadanía, entre representantes y representados. Gracias a sus estrategias, hemos asistido en directo a las miserias de una negociación que en realidad nunca ha versado acerca de un Gobierno de coalición ni del bienestar de esos españoles con los que tanto se llenan la boca, sino del puro y duro reparto del poder. Y de cómo quebrarle el espinazo al adversario más cercano, que siempre es el peor de los enemigos.

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'The show must go on'. el reparto de culpas –el relato, dicen– durará largo tiempo, hasta que decidan volver a jugarse las elecciones a una partida de dados (trucados, claro) retransmitida en Twitter. Total, no notaremos la diferencia, estamos en precampaña permanente desde el 2015. Vaya banda, diría  Albert Rivera, en su última aportación a denigrar aún más, si cabe, la conversación política. Y según cómo les dé, o les digan sus asesores, los mismos que han fracasado miserablemente volverán a pedir el voto en noviembre. Como si aquí no hubiera pasado nada, que la culpa siempre es del otro. O de la ciudadanía, por votar mal.  Cómo solían decir los atléticos, qué manera de palmar, la de la izquierda.