29 mar 2020

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La clave

El candidato a la presidencia, Pedro Sánchez, este martes.

DAVID CASTRO

48 horas para hilar un Gobierno

Anna Cristeto

El jueves asistiremos al primer desenlace de un duelo político cuyos litigantes deberían analizar en términos de estabilidad política más allá de las cuentas de coste y riesgo de sus partidos

La primera votación para investir presidente a Pedro Sánchez ha transcurrido este martes sin apenas sorpresas. Los 124 votos a favor del candidato le han dejado a un buen trecho de la mayoría absoluta, necesaria en esta primera ronda. En la segunda, basta con cosechar más síes que noes y las 48 horas que restan para el siguiente asalto serán decisivas para evitar el abismo de septiembre. La sombra de una repetición electoral es alargada y a priori nadie la desea.

Dos días pueden dar mucho de sí. Si el intercambio de ofertas entre PSOE y Unidas Podemos ha sido bullicioso estos últimos días, el escaso margen para cerrar un acuerdo tras la investidura fallida sugiere que estas jornadas pueden ser interminables para los equipos negociadores. La propuesta del gobierno de cooperación queda ya como un espejismo lejano e Iglesias exige un ejecutivo de coalición que no se limite a un mero atrezo sin poder real.

La negociación se anticipa ahora más ardua si cabe a juzgar por el careo que Sánchez e Iglesias protagonizaron el lunes en la Cámara, donde evidenciaron una vez más su desacuerdo en cuanto a las carteras –y su verdadero alcance– que podrían asignarse a los dirigentes de Podemos.

Margen de negociación

Tampoco ocultaron su exigua sintonía, que sin duda no contribuye a crear un ambiente de confianza. Sin embargo, desde ambas formaciones se insiste en que aún hay tiempo para explorar aquellas propuestas, especialmente en las áreas sociales, donde las coincidencias programáticas son mayores.

El jueves asistiremos al primer desenlace de un duelo político cuyos litigantes deberían analizar en términos de estabilidad política más allá de las cuentas de coste y riesgo que sus propios partidos echen internamente. Con los resultados electorales en mano los socialistas tienen toda la legitimidad para tomar los mandos de una legislatura que quieren bien cimentada.

Los pactos a los que se lleguen, si así es finalmente, deberán contar con renuncias y cesiones, puesto que según aquella máxima de la diplomacia, los acuerdos se firman entre quienes discrepan.