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Johnson sale en su vehículo oficial de la sede de la BBC en Londres.

REUTERS / HANNAH MCKAY

Las máscaras de Johnson frente al 'brexit'

Carlos Carnicero Urabayen

El Reino Unido está a punto de dar las riendas de la peor crisis política británica desde la posguerra a un gran representante de estos líderes, veletas y ególatras

Los populistas son fieles a la máxima de Groucho Marx: “Estos son mis principios. Si no le gustan, tengo otros”. Son oportunistas sin escrúpulos que no dudan en tomar uno u otro camino en función de su capacidad de preservar y proyectar su poder. El Reino Unido está a punto de dar las riendas de la peor crisis política británica desde la posguerra a Boris Johnson, gran representante de estos líderes, veletas y ególatras, genios del 'show' y nacidos para triunfar en esta era de política líquida e híperacelerada.

Johnson ha utilizado varias máscaras. No sabemos cuál llevará puesta durante su mandato como primer ministro, si se confirma su victoria este martes. Fue un buen alcalde de Londres, dispuesto a situar a la capital británica como una gran urbe global abierta a Europa y el mundo. Después comenzó su enloquecida carrera del 'brexit', con mentiras incluidas, y abrazando un primitivismo nacionalista en las antípodas de su anterior etapa.

Sea cual sea el Johnson que tomará las riendas, el cronómetro lo tendrá en contra. El próximo 31 de octubre vence la enésima fecha límite del 'brexit', un nuevo barranco que da más vértigo que nunca, sobre todo del lado norte del Canal de la Mancha.

El peor escenario

Johnson quiere invertir estos tres meses en aumentar los preparativos para un escenario de ruptura sin acuerdo. Ello aumentará la credibilidad de la amenaza de la separación por las bravas y, por tanto, –piensa Johnson– la UE estará dispuesta a ceder y renegociar el acuerdo de salida. Su estrategia no tiene ni pies ni cabeza.

Bruselas no parpadeará. No aceptará eliminar el 'backstop' del acuerdo, el mecanismo que garantiza que no regresará una frontera dura entre las dos Irlandas. La lealtad de la UE con Dublín es absoluta y aceptar la demanda de Johnson pondría en riesgo la paz; una irresponsabilidad absoluta.

Con la ceguera típica que han mostrado en sus cálculos los promotores de esta separación con muchas emociones y nula planificación, Johnson emula la fortaleza del viejo imperio británico, pero los números no salen. Los costes del divorcio sin acuerdo serían inmensamente mayores para su país. El comercio con Europa nutre el 13% del PIB británico, mientras que las exportaciones al Reino Unido representan el 2,5% para la UE.

La situación de Escocia

Puede que Johnson cambie de máscara y no esté dispuesto a llevar su plan hasta el final. Por mucho que se muestre envalentonado, sabe que por el precio del 'brexit' sin acuerdo hará frente a dos terremotos: el económico y el que afecta a la integración territorial del Reino Unido. Irlanda del Norte y Escocia votaron en contra del 'brexit' y los sentimientos de los ciudadanos de estos territorios están cada vez más lejos de Londres. El segundo referéndum escocés podría ponerse en marcha pronto. 

Si Johnson decidiera hacer saltar a Reino Unido sin paracaídas, tendrá enfrente a la mayoría del Parlamento, el mismo que ha marcado celosamente los movimientos a Theresa May. Los cambios de máscaras pueden ser rentables para ganar elecciones, pero no cambian la realidad.