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A pie de calle

Álex Abrines saluda a unos niños como nuevo jugador del Barça

ENRIC FONTCUBERTA (EFE)

Deporte y depresión

José Luis Pérez Triviño

El estrés de competir o la ansiedad de no defraudar a entrenadores y familiares también afecta a deportistas aficionados y menores

El vídeo de Álex Abrines o la carta de Anna Boada han alcanzado una gran resonancia mediática y han colocado la depresión en los deportistas en la agenda de las autoridades deportivas. En ambos casos, el relato de la ansiedad y la dificultad para superar esos obstáculos era estremecedoray es fácil ponerse en la piel de quien padece esos síntomas y de los familiares que le rodean.

Desgraciadamente las estadísticas muestran que la depresión afecta aproximadamente a un 15% de la población. Pero todavía es frecuente que aquellos que padecen la enfermedad sean renuentes a hacerla pública atenazados por la creencia de que la depresión es sinónimo de algún tipo de debilidad de carácter o de enfermedad psicológica estigmatizadora. En muchas ocasiones, esta actitud está provocada por la dificultad de entender las causas de la enfermedad en personas que tienen todo a su alcance para ser felices, y a que no hay una manifestación exterior visible que permita identificar dónde está el problema.

El ámbito del deporte no es ajeno a los casos de depresión. Andrés Iniesta reconoció la parálisis a la que le llevó la ansiedad. Más dramático fue el caso de Robert Enke, exportero del FC Barcelona que acabó suicidándose. Pero la lista es mucho más larga, y es de temer que, dada la idiosincrasia del deporte y la imagen de éxito y de salud que lo rodea, muchos deportistas no se atrevan a reconocer y hacer pública la ansiedad, temerosos de una reacción social negativa.

También en menores

Si el deporte es causa de la depresión no es algo fácil determinar. Pero un rápido repaso a la literatura existente sobre los problemas psicológicos que afectan a los deportistas permite señalar que muchos se ven afectados por el 'burn-out' (sentirse quemados) debido al estrés que les produce la competición y la exigencia de obtener los mejores resultados o simplemente la ansiedad de no defraudar a los entrenadores o a los padres. Y esto afecta no solo a los deportistas de élite, también a otros ámbitos del deporte aficionado y del practicado por menores. La presión de los padres es en muchas ocasiones un factor estresante que los menores no saben o son incapaces de gestionar.

Entretodos

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Muchos clubes tienen entre su personal a psicólogos que tratan de motivar a sus jugadores para que ofrezcan lo mejor de sí mismos. Dada la extensión de los casos de depresión en el deporte sería deseable que los clubes y federaciones tomaran cartas en el asunto y que aprovecharan el papel de estos psicólogos para elaborar un plan de prevención o de detección de los síntomas de la depresión o incluso para incorporarlos como personal médico cualificado. La misma exigencia puede extenderse al Consejo Superior de Deportes (CSD) que en su organigrama integra un centro de medicina del deporte, y en concreto de psicología del deporte.

Sirva como ejemplo la conciencia actual respecto de los ataques cardiacos repentinos y cómo hoy día casi ningún establecimiento público o instalación deportiva carece de desfibriladores. Si la Asociación de Futbolistas Españoles recientemente ha suministrado 617 desfibriladores a diferentes clubes de fútbol, cuánto más podrán hacer el CSD o las federaciones para prevenir los casos de depresión entre los deportistas.

Presidente de la Asociación por la Calidad Ética en el Deporte.