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Negociaciones PSOE-UP

Pablo Iglesias, ante Pedro Sánchez, en una imagen del pasado octubre, en el Congreso de los Diputados.

JOSÉ LUIS ROCA

'Fumata bianca'

Eulàlia Vintró

Se ha perdido una buena ocasión para hacer política con mayúsculas y para contribuir a recuperar el desprestigio de los políticos y de sus actuaciones

Cuando mucha gente había perdido las esperanzas de un acuerdo para formar gobierno en España, la renuncia de Pablo Iglesias a ser uno de sus miembros ha generado la 'fumata bianca' que anuncia la elección de un nuevo papa en el Vaticano. Hubiera valido la pena que los dirigentes de los dos partidos políticos implicados en el acuerdo, PSOE y Unidas Podemos, hubieran practicado la discreción, la contención verbal y el respeto no solo por los demás dirigentes sino por el conjunto del pueblo español.

Han pasado casi tres meses desde las elecciones generales donde más de 11 millones de votantes dejaron perfectamente claro que querían un gobierno de izquierdas -165 diputados- que, además, tenía que pactar entre dos fuerzas un Gobierno de coalición y tenía que buscar otros apoyos para alcanzar la mayoría absoluta o más votos favorables para la investidura y para llevar adelante el programa de actuación. Faltan pocos días para el debate y votación de investidura y, contra todo pronóstico razonable, hemos asistido a un espectáculo lamentable, decepcionante e impropio de una democracia consolidada.

Hemos comprobado la inexistencia de la cultura de pactos en el marco del Estado, cultura habitual en la mayoría de países europeos que constituyen desde hace décadas gobiernos de coalición con ministros de diferentes partidos nombrados por el presidente a propuesta de cada formación, así como la absoluta incapacidad para mantener las negociaciones de forma discreta y para evitar acusaciones y reproches innecesarios. Ha primado el personalismo, el protagonismo, la ambición, el afán por salir ganador y no para compartir el éxito, la autosuficiencia y no, como hubiera sido necesario, el interés general, los grandes objetivos programáticos y sus concreciones, la rapidez en constituir el Gobierno para empezar a tomar medidas urgentes y tantas otras cuestiones que hay que abordar y resolver. Se han perdido tres meses, pero además se ha perdido una buena ocasión para hacer política con mayúsculas y para contribuir a recuperar el desprestigio de los políticos y de sus actuaciones.

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Las culpas están repartidas, es evidente, pero también hay que reconocer que quien tiene más diputados, quien ha encabezado las negociaciones socialistas en el ámbito europeo y quien aspira a ser de nuevo elegido presidente debería haber asumido la trascendencia de la situación, ensanchado su horizonte y evitado la acumulación de propuestas impropias de la negociación de un lógico e inevitable Gobierno de coalición. Tampoco es razonable dudar del sentido democrático de quien impulsó la moción de censura contra Rajoy, encabeza la fuerza política preferida por la ciudadanía para un Gobierno de coalición y seguirá siendo su líder en el futuro inmediato.

Se han roto más platos de la cuenta y se debe exigir que cierren rápidamente el acuerdo programático y la composición del nuevo Gobierno de coalición con el fin de iniciar una legislatura compartida, fiable, eficaz y dirigida al bien común y no a las pequeñeces partidistas.

El próximo Gobierno de coalición entre socialistas y podemitas está llamado a ser un referente y un modelo no solo para España sino también para Europa y debería servir para relanzar opciones de izquierda en un continente y un mundo muy derechizados.

 Sería imperdonable que fallaran.