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Acogida y tutela de menores

Unos niños duermen sobre los bancos de la iglesia de Santa Anna, en el barrio Gòtic de Barcelona.

FERRAN NADEU

Una bomba de relojería

Sonia Andolz

Las soluciones deben ser un goteo incesante hasta eliminar la emergencia. El racismo y la confrontación acechan sin calendario

Mientras el Parlament de Catalunya aprobaba un paquete de medidas económicas para aliviar mínimamente la gestión de la acogida y tutela de menores algunas voces se alzaban en contra. ¿Qué es más urgente?  

La mayoría de preguntas se hacen desde la óptica equivocada: aquella que asume que la ciudadanía somos solo unos, los que tenemos casa de uso propio. Los que viven en hogares del sistema quedan fuera de ese concepto uniforme y vago de ciudadanía que se presupone merecedora de privilegios básicos. Esto no es así. En nuestro sistema de estados, los más vulnerables son objeto de especial protección y los menores deben serlo claramente.

Así, entre investiduras fallidas, ayuntamientos por conformar y presupuestos por aprobar, la clase política se va de vacaciones con muchos deberes sin acabar.

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Como bien me señalaban algunos lectores del sector de la educación social, tenemos a miles de menores en centros de emergencia, no de temporalidad larga. Los SPAII (Servicio de Primera Acogida y Atención Integral) son gestionados por empresas subcontratadas por la Generalitat. Sin entrar en el debate de la subcontratación de obligaciones públicas, los efectos son claros: utilización de espacios e infraestructuras variados, no diseñados específicamente para ese uso; contratación de profesionales no controlada por la administración pública y que acostumbra a traducirse en equipos muy jóvenes e inexpertos aprovechando su vocación y compromiso; falta de coordinación entre empresas o cooperativas (cada una en función de su contrato); falta absoluta de recursos, justificada públicamente a través de esa subcontratación que cubre el expediente; y una situación por encima de cualquier previsión. Todo ello es una bomba de relojería que no puede explotar este verano a quienes se ven involucrados: menores, profesionales y vecinos. Las soluciones deben ser un goteo incesante hasta eliminar la emergencia. El racismo y la confrontación acechan sin calendario.