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Al contrataque

Pablo Iglesias, ante Pedro Sánchez, en una imagen del pasado octubre, en el Congreso de los Diputados.

JOSÉ LUIS ROCA

'Moda Valls' y 'giro Rufián'

Antonio Franco

Mientras en Catalunya no nos gobiernan, al parecer la especialidad de España es ahora no saber nombrar a los gobernantes después de las elecciones

La 'moda Valls' está causando estragos. Pedro Sánchez, deslumbrado por lo que pasó en Barcelona, se aferra a ella aunque no consigue los éxitos que desea. Perdón, todavía no se lo he explicado: la 'moda Valls' consiste en dar o recibir los votos a cambio de nada. Sánchez intenta lucirla en una variante 'light': no trata siquiera de que le voten a favor, ruega simplemente no le voten en contra, es decir que se abstengan.

A Pablo Iglesias no le gusta la 'moda Valls' pese a que a su 'prima' Ada le fue muy bien con ella. Él parece preferir las rebajas. Después de pedir mucho ahora se conformaría con un ministerio (siempre que fuese personalmente para él). Quiere vigilar a Sánchez desde dentro. Aunque hable de una vicepresidencia (y diluya esa pretensión proponiendo que haya cuatro) en este tiempo de recortes probablemente aceptaría una pequeña cartera técnica; sus críticos hablan por lo bajo que bastaría el Ministerio de Ultramar o el de Gracia y Justicia, ambos con mucha tradición en la historia de España.

Manuel Valls, un animal político, actuó con mucha astucia cuando dictó su 'moda' pero ahora en este país lo que manda es el pago a tocateja. Casado y Rivera, o Rivera y Casado, tanto monta y monta tanto como ya saben hasta los de Vox, criticaron a Valls por hacer algo que a ellos les iba bien,  pero no están dispuestos a imitarle. En estos tiempos complejos de nuestra política ellos defienden paradójicamente una de las especialidades de Jordi Pujol, el 'peix al cove' o nada. 

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Al referirme a tiempos complejos no pensaba solo en la 'moda Valls'. Venía asimismo a mi mente 'el 'giro Rufián'. Gabriel Rufián era el político de base más tosco y bronco de toda España hasta el punto de que los periodistas serios de este país ni siquiera se atrevían a hacer bromas con su apellido pese a que era facilísimo (sinónimos suyos, según Wikipedia, son las palabras bellaco, granuja y sinvergüenza). Pero ahora que le han hecho jefe ha dado un  giro espectacular hacia el posibilismo reconvirtiéndose en un hombre constructivo, y aquellos periodistas buscan los antónimos idóneos para adorarle tras su caída del burro camino de Damasco y les salen flores como noble y digno.

Lo explico a pesar del riesgo que corro yo mismo cada vez que bromeo con los apellidos de la gente. Pero algo hemos de hacer mientras no nos gobiernan, como ocurre en Catalunya, o mientras no saben nombrar a los gobernantes después de las elecciones, que es ahora, al parecer, la especialidad de España.