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Las negociaciones de la investidura

El presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, y el líder de Unidas Podemos, Pablo Iglesias, el pasado 7 de mayo, en la Moncloa.

REUTERS / JUAN MEDINA

Miura solo hay uno

Sergi Sol

Pedro salió como un 'miura' ante Pablo. En su plaza no quiere competencia y deja claro que no quiere a los morados si no es pastando mansamente en el prado

Pedro salió como un miura ante Pablo. En su plaza no quiere competencia y deja claro que no quiere a los morados si no es pastando mansamente en el prado. Pedro quiso en su día a Rivera como pareja de baile. Y posiblemente lo siga queriendo. Como los hombres de IBEX, que luego de aupar a Rivera no entienden cómo no actua con el pragmatismo con el que Valls encumbró la investidura de cerrazón a Ernest Maragall. A quien no hace tantos años fuera compañero de filas, los de Iceta le negaron hasta el saludo. Y lo verbalizaron sin tapujos.

Luego otro tanto en la Diputación de Barcelona, la misma jugada e incluso más redonda, de orejas y rabo. Puesto que fue el mismísimo 'partido del 3%', los del #nosurrender de Puigdemont, los que en esta ocasión cerraron el paso a ERC para aupar a 'los del 155', según la terminología que recíprocamente se dan. Jugada maestra de Iceta. Esta, sí. Y no esas de las que alardean, vergüenza ajena, los incondicionales del líder supremo que ni por asomo creen ser los tontos útiles del cordón sanitario de Iceta al verdadero rival como apuntaba la encuesta de EL PERIÓDICO.

Probablemente cuando Pedro hizo su travesía del desierto hubiera compartido un trecho con Pablo. Pedro vivía su vía crucis. Los apóstoles llevan caminos dispares. Claro que igual Pablo se cae del caballo y el porrazo lo lleva por otros derroteros. El renacido, resurgido contra viento y marea, hoy se asemeja mucho, muchísimo más, al proceder de aquellos que querían a Susana y no a él. Aunque ya se sabe, cuando se llega a la cima el paisaje se divisa con unos ojos que no son necesariamente los mismos que cuando sudabas la camiseta por los repechos de la montaña. Cuando ya has hecho la entrada triunfal en la plaza de San Pedro y pisas suelo santo, el cielo está bajo tus pies. Solo hay que retenerlo. Pues una cosa son los compañeros en el arduo viaje, otra cosa la convivencia bajo palio.

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La ganadería del 'Miura' echa cuentas. Como hizo cuando buscó con ahínco el 'no' en los presupuestos. Olfatean mejores resultados en nuevas elecciones pese a que, sin duda, volvería a repetirse la ausencia de mayoría. Eso sí, con un Pedro más fuerte y un Pablo más débil. A no ser que Pablo eche cuentas y se entregue con armas y bagajes. O que sencillamente Casado, puesto que Rivera sigue con su guerra particular y su verbo derechista, se atreva en nombre de España. Catalunya y sus avaros habitantes siempre apetecen para frenar acuerdos o para afianzar otros en otro tiempo impensables.

Total, si por la inquina, a Junqueras, de Waterloo y sus acólitos (siempre a la greña excepto cuando de embestir a los republicanos se trata) el PSC se ha llevado el premio gordo con la Diputación,  tampoco sería tan raro que el PP permitiera la investidura por España para postergar definitivamente cualquier pretensión de los rebeldes del tercio noreste. El palco del Bernabéu, como al ahijado Rivera ya no se le espera, apuesta por esa solución. Igual lo del combo de Iceta acaba en bingo. Y si no, pues a elecciones, que a Pedro no le inquietan. El mismo motivo demoscópico que las acerca en España las aleja en Catalunya.