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NUEVA PRESIDENCIA EUROPEA

Ursula von der Leyen, en su comparecencia en la Eurocámara.

JEAN-FRANÇOIS BADIAS

Ahora, a cumplir lo prometido

Jesús López-Medel

Europa ya tiene presidenta mientras que en la Moncloa el tiempo es eterno para asumir responsabilidades

En tres días se cumplen 50 años de la primera vez que pisó la luna un hombre. Todo ese tiempo ha tenido que pasar para que una mujer llegase a la presidencia del Ejecutivo Europeo. Ahora hay en marcha un programa a ejecutar en el 2024 para que sea en esta ocasión una mujer quien llegue al satélite "vecino". Pero ya tenemos presidenta europea mientras que en la terrícola Moncloa, el tiempo es eterno para asumir responsabilidades y tomar decisiones. La culpa es siempre del vecino, cuando quien está en la luna es el que mira su dedo.

Ursula von der Leyen es desde ahora nueva presidenta de la Comisión Europea. Su nombre ya salió, junto a la francesa Legarde como aspirante, esta  última al Banco Central Europeo. En su momento este poderío conservador-liberal fue acogido con recelo, no solo por la pérdida de poder relevante de la socialdemocracia europea sino también por el pasado de esas dos nuevas reinas.

La exministra de Defensa alemana ha logrado con tesón, aunque fuese de modo muy ajustado, el refrendo de la Eurocámara. Pero para ello, desde que surgió su nominación, ella y su grupo, el democristiano alemán, se trabajaron bien no solo su imagen (para oscurecer algunos fallos de su pasado) sino también la consecución de apoyos. Es una lección evidente de que quien quiera obtener el poder sin mayoría se lo tiene que trabajar. No se vota por la cara bonita.

Medidas sociales

Pero ese trabajo tanto en el terreno de familias políticas como en el de Estados nacionales ha tenido un colofón importante en el discurso que horas antes la aspirante presentó ante el Parlamento. Tanto por unas variadas pinceladas personales expresadas de modo emotivo como, sobre todo, por el contenido de unas medidas de calado social. Era un discurso no para convencidos de ella sino abierto a las ideas de los otros, incluso a la izquierda europea que no la ha votado. Materias como igualdad, feminismo, inmigración, ambiciosas propuestas medioambientales, etcétera, son algunas de las ideas que ha expresado en un discurso brillante.

Acaso pudiera tener la intención de agradar con un perfil que no se le conocía, si bien es de desear que haya sido sincera y que sus palabras sean el eje de su compromiso real. No obstante, bien sabemos todos que los poderes no son solo los institucionales sino aún más aquellos intereses difusos que se mueven en las sombras.

División

Los socialdemócratas europeos han votado divididos, desde el rechazo de sus compatriotas y otros países de centroizquierda y al apoyo de este sector básicamente en el frente latino como España, Italia y Portugal, que han salvado a la candidata. Los dos primeros colocaron piezas, aunque menores, en Sassoli como presidente de la Eurocámara y Borrell, como jefe de la diplomacia europea.

Han tenido que pasar 40 años desde que una mujer presidiera el Parlamento. Simone Veil dejó huella en muchos ámbitos, sobre todo en su firmeza europeísta. Por ello, lo mejor de la votación es el rechazo de la ultraderecha de Salvini, Le Pen y Vox a la nueva presidenta.