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ANÁLISIS

Pablo Iglesias, ante Pedro Sánchez, en una imagen del pasado octubre, en el Congreso de los Diputados.

JOSÉ LUIS ROCA

Sánchez aprieta

Rosa Paz

El presidente en funciones aún le deja al líder de Unidas Podemos el aliento necesario para rectificar

A una semana de que se produzca la primera votación de investidura, Pedro Sánchez ha decidido apretar a Pablo Iglesias casi hasta ahogarle, pero sin llegar a hacerlo. Aún le deja al líder de Unidas Podemos el aliento necesario para rectificar. Es cierto que solo quedan siete días y, por el medio, la consulta a las bases de su partido en la que no se contemplan más opciones que un gobierno de coalición o uno monocolor del PSOE, sin incluir la última oferta de Sánchez de incorporar a su consejo de ministros a un par de militantes de Unidas Podemos de perfil técnico, no político.

Al líder socialista ese referéndum le parece tramposo y la excusa para votar en contra de su investidura —junto con la extrema derecha, ha resaltado—, ya que está formulado de manera que solo deja a las bases la posibilidad de apoyar la primera opción, la que defiende Iglesias. Sánchez lo presiente además como el fin de la negociación, que da por rota, quizás incluso por concluida, es decir, sin que exista posibilidad de reabrirla. Pero esta hipótesis suena demasiado dramática cuando se sabe que en política una semana es más que suficiente para darle la vuelta al planteamiento más opuesto. En esa dirección se podría interpretar la reacción de Unidas Podemos a las duras declaraciones del presidente en funciones. Por boca de Pablo Echenique el partido de Iglesias ha pedido al PSOE que recupere su talante dialogante, es decir, que siga negociando.

El precedente del 2016

Nada hace imposible, por tanto, que Iglesias, una vez se vea reforzado por su militancia, entone un discurso de sacrificada renuncia a estar personalmente en el ejecutivo con el argumento de que no quiere impedir un gobierno de progreso en el que sí podrían estar personas de su partido. Él es experto en ese tipo de declaraciones, aunque también, hay que reconocerlo, en las contrarias. Eso, lo de salir reforzado en un referéndum y ceder inmediatamente después, ya lo hizo Alexis Tsipras en sus negociaciones con la Unión Europea. El entonces primer ministro griego no tuvo más remedio que transigir, porque entendió que lo contrario hubiera sido peor. Ahora, Iglesias tampoco tiene muchas alternativas. Sabe que no investir al socialista y repetir elecciones puede desembocar en un resultado indeseable y conoce el coste político que tuvo para él y para su partido el voto en contra a la investidura de Sánchez en 2016.

También sabe Iglesias que no va a conseguir que el líder socialista lo incorpore a su consejo de ministros y conoce además por qué: Sánchez no quiere tener una crisis de gobierno cuando en otoño se conozca la sentencia del 'procés' y no se fía de ningún documento de lealtad que el líder de Unidas Podemos pueda firmar en ese sentido. Tampoco confía en tener el apoyo de Iglesias si creyera necesario aplicar de nuevo el artículo 155 de la Constitución. Además, los diputados de los dos partidos solo suman 165 de los 176 escaños que necesita para su investidura. Si la suma diera mayoría absoluta la situación podría ser diferente, pero los números son los que son.