19 feb 2020

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LA CLAVE

Manifestación de apoyo a la víctima de la Manada de Manresa en València, este lunes.

MIGUEL LORENZO

Manadas

Albert Sáez

Los periódicos, y ahora también las redes, fabrican palabras. O como le gustaba decir a John Austin, "hacemos cosas con palabras". En pocos meses hemos dotado de un nuevo significado a la palabra "manada". Cuando escribimos "la manada de Manresa", nadie piensa en un grupo de animales salvajes lanzados a depredar a sus víctimas. O quizás sí, lo que hacemos es pensar en un grupo de jóvenes lanzados a una violación múltiple en sus horas de ocio. Son salvajes y depredan, son animales pero hipotéticamente racionales. Algunos habituales del alarmismo ya aseguran que las manadas se han multiplicado desde el juicio de los cafres de Pamplona. Lo que ha ocurrido, como siempre y afortunadamente, es que se han multiplicado las denuncias porque se ha reducido el umbral de la tolerancia de las víctimas. Las manadas no surgen de la nada. Se crían en entornos en los que aún se levantan solo las mujeres a recoger los platos, donde a las niñas se les dice que vayan con cuidado si salen por la noche mientras que a los niños se les apremia para que se estrenen sexualmente cuando no se les invita a una ronda de prostitutas. En ese habitat crecen las crías de las manadas, sin que ni la escuela ni los medios de comunicación sean capaces de reeducarlos. Y mientras no arreglemos el nido, las manadas seguirán proliferando.

Lo más curioso es la sensación de impunidad con la que se siguen moviendo. Durante las últimas fiestas de San Fermín, con la que está cayendo, se han contabilizado hasta 18 denuncias por agresión sexual en las calles de la capital navarra. ¿Cómo se les ocurre seguir intententándolo? Si no fuera por las nefastas consecuencias de pensarlo, sería para creer que son enfermos sin cura. Pero no, son plenamente concientes de lo que hacen. Se sienten legitimados para hacerlo. Y, por lo tanto, impunes. Simplemente piensan que no les pillarán. O que encontrarán a uno de esos jueces que le pedirá a las víctimas si hicieron todo lo que pudieron para evitar el ataque. Y, además, piensan que en casa no les repudiarán aunque les condenen. Y sus amigos seguirán considerándolos como héroes. Las manadas se protegen.

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