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ELECCIÓN DECISIVA

Ursula von der Leyen, candidata a presidir la Comisión Europea, en Bruselas.

AP / FRANCISCO SECO

'Euroseñorías', eviten el pataleo

Carlos Carnicero Urabayen

Los eurodiputados deben hacer un ejercicio de responsabilidad y evitar que Europa entre en una parálisis institucional

Cuando los eurodiputados voten este martes a la candidata para presidir la Comisión Europea, la alemana y ministra de Defensa de la CDU, Ursula von der Leyen, muchos estarán tentados de ejercer su derecho al pataleo y enterrar su candidatura. El voto es secreto y favorece los instintos primarios, pero por responsabilidad deberían usar su poder con inteligencia. Europa no debería permitirse una parálisis institucional.

Repasemos el enfado de la Eurocámara. El Consejo Europeo -los 28 líderes de la UE- propuso cuatro nombres para los top jobs tras una de las cumbres más largas que se recuerdan. El resultado fue una propuesta paritaria que sitúa a dos mujeres al frente de los dos cargos de más peso: la presidencia de la Comisión para Von der Leyen y la del Banco Central Europeo para la francesa Christine Lagarde. Los otros dos nombres que completan el puzle son Josep Borrell como Alto Representante y el belga Michel para liderar el Consejo Europeo.

Complicado proceso

El proceso fue complicadísimo. La coctelera con género, origen geográfico, filiación política e idoneidad no resulta fácil de agitar entre 28. El Parlamento Europeo se siente ninguneado porque la propuesta ignoró a sus precandidatos para la Comisión, siendo los más relevantes el conservador Manfred Weber, el socialista Frans Timmermans y la liberal Margrethe Vestager.

No olvidemos que fue la Eurocámara la que no hizo sus deberes. En el 2018 votaron en contra de las listas transnacionales para las elecciones europeas, lo que habría dado sentido al sistema de precandidatos. En la actual formulación, a ninguno de los mencionados líderes les han votado europeos de los 28 países. Para colmo, los populares europeos, que votaron contra las mencionadas listas, propusieron a Weber, sin experiencia alguna de gobierno y ensombrecido por su tolerancia con Viktor Orbán.

Votación en el limbo

Los populares europeos son el apoyo más claro de Von der Leyen. Para algo son su familia política, aunque el ofendido candidato Weber lanza algunos dardos. Con socialistas y liberales debería sumar, pero dadas sus divisiones y la negativa de los Verdes, la votación está en el limbo.

La candidata alemana ha prometido, entre otras cosas, continuar con la defensa del estado de derecho, el mecanismo que fiscaliza a los gobiernos húngaro y polaco –quién sabe si mañana el italiano- por sus tics autoritarios. También se ha comprometido a una ambiciosa política contra el cambio climático, a luchar contra el desempleo juvenil, impulsar un pilar social y una agenda de igualdad de género (política que ha promovido en su carrera, incluso, a veces, contra el criterio de Merkel).

Los euroescépticos

Populares, socialistas y liberales deberían evitar que la mayoría dependa del apoyo de euroescépticos. Deberían exigir una ambiciosa ejecución de sus promesas durante su mandato y crear un verdadero sistema electoral europeo transnacional. Tendrán en su mano escrutar el trabajo de la Comisión e incluso el poder de destituirla si no cumple. El pataleo supondrá una pérdida de tiempo en un momento en que el 'brexit' no está resuelto y otros asuntos exigen enérgica acción europea.