22 feb 2020

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Análisis

Torrent propone desde Madrid un “pacto de claridad” para la celebración de un referèndum”.

DAVID CASTRO (VÍDEO: ROGER PI DE CABANYES / ACN)

Le llamaban Claridad

Rafael Jorba

La Clarity Act de Canadá cerró la puerta a la convocatoria de un nuevo referéndum en Quebec después de los celebrados en 1980 y 1995

El lenguaje del 'procés' usa y abusa de conceptos imbatibles: derecho a decidir, autodeterminación, derechos humanos... Ahora el presidente del Parlament, Roger Torrent, ha puesto sobre la mesa “un pacto de claridad para celebrar un referéndum”. La propuesta del dirigente de ERC con mayor rango institucional fue formulada el jueves de la semana pasada en Madrid y se interpretó como una renuncia a la vía unilateral del 1-O para negociar un referéndum a la canadiense.

El problema está en que la claridad que se invoca, en alusión a la ley de Claridad (Clarity Act) aprobada en el año 2000 en Canadá, no ha servido para que Quebec realizara referéndum alguno. Al contrario, fue el candado que, de facto, cerró la puerta a la convocatoria de un nuevo referéndum después de los celebrados en 1980 y 1995. Tras la segunda consulta, con una victoria del 'no' por la mínima (50,58%), el Gobierno federal planteó una cuestión interpretativa al Tribunal Supremo (1998) e inscribió los principios de la respuesta en la ley de Claridad (2000).

Posibilidad, no derecho

Stéphane Dion -un liberal quebequés que pilotó aquel proceso como ministro federal de Asuntos Intergubernamentales- lo ha explicado en varias conferencias en Barcelona y Madrid. He aquí una síntesis.

1. “¿En Canadá, es un derecho la secesión? No. La secesión se admite como una posibilidad; no como un derecho. El gobierno de una provincia no tiene derecho a autoproclamarse gobierno de un Estado independiente. Ni el derecho internacional ni el canadiense le otorgan ese derecho”.

2. “¿Qué es una pregunta clara? El Tribunal Supremo habla de ‘la voluntad de no seguir formando parte de Canadá’. Si insistió en la claridad de la pregunta, se debe a que esta fue cuestionada en los referéndums de 1980 y 1995. La pregunta de 1995 fue la siguiente: ‘¿Está usted de acuerdo con que Quebec sea soberano después de haber hecho una oferta formal a Canadá para una nueva asociación económica y política en el marco del proyecto de ley sobre el futuro de Quebec y del acuerdo firmado el 12 de junio 1995?’”.

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3. “¿Qué es una mayoría clara? El Tribunal Supremo dice que el principio de la democracia va más allá de la regla de la mayoría simple y que la obligación de entablar una negociación sobre la secesión sólo puede surgir de una mayoría clara. Existen dos razones. La primera es que cuanto más irreversible resulta una decisión, más compromete a las generaciones futuras. La segunda razón es que la negociación sería una tarea difícil y llena de obstáculos. No debería ocurrir que, mientras los negociadores tratan de llegar a un acuerdo, la mayoría cambiase de opinión y se opusiera a la secesión”.

4. “¿Quién evalúa la claridad de la pregunta? El Tribunal Supremo asigna este papel a los ‘actores políticos’. Le incumbe al Gobierno de Quebec elegir la pregunta que se debe formular. La ley de Claridad establece que la Cámara de los Comunes (el equivalente a nuestro Congreso de los Diputados), tras las debidas consultas y deliberaciones, deberá determinar, mediante una resolución y antes del referéndum, si la pregunta es clara”.

5. “¿Quién determina la mayoría clara? Después de un referéndum sobre una pregunta clara, si el Gobierno de Quebec cree que ha obtenido un apoyo claro, la Cámara de los Comunes estudiará la claridad de la mayoría. Únicamente si, tras las consultas y deliberaciones, la Cámara concluye que existe una mayoría clara, el Gobierno de Canadá puede y debe iniciar las negociaciones sobre la secesión”.

En resumen, un referéndum a la canadiense no solo necesita una pregunta clara y una mayoría clara, sino que es la Cámara Baja del Parlamento federal la encargada de determinar la claridad, tanto de la pregunta como de la mayoría exigida. Esta es la razón por la cual los nacionalistas se opusieron a la ley. La llamaban Claridad, pero en la práctica puso el listón tan alto que cerró la puerta a un tercer referéndum de independencia en Quebec.

Stéphane Dion, más allá del marco legal de referencia en cada Estado, evoca la cuestión de fondo en el binomio secesión-democracia: “El ideal democrático alienta a todos los ciudadanos de un país a ser leales entre sí, más allá de las consideraciones de lengua, etnia, religión o pertenencia regional. La secesión es un ejercicio, raro e inusitado en democracia, por el que se elige a los conciudadanos que se desea conservar y los que se desea convertir en extranjeros”.

Sí, seamos claros. El lenguaje del 'procés' usa y abusa de sucedáneos para rehuir el debate fundamental. La secesión -el divorcio político- afecta a un tema esencial: la disolución de las relaciones con los otros.