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La investidura

Pedro Sánchez, este jueves en la Moncloa. 

JOSÉ LUIS ROCA

Lo llaman bloqueo pero es un bucle

Carmen Juan

Como no hay manera de pactar para formar Gobierno, hemos pasado a hablar de cambiar las reglas de juego

Tres meses después de celebradas las elecciones y a una semana de la sesión de investidura, en España estamos con un Gobierno en funciones y sin perspectivas de formar uno nuevo. Lo llaman bloqueo, pero es un bucle. Hace poco más de tres años, estuvimos 314 días sin Gobierno. Como no hay manera de pactar, hemos pasado a hablar de cambiar las reglas de juego.

Pedro Sánchez ha propuesto cambiar el artículo 99 de la Constitución para facilitar que gobierne la lista más votada, algo que criticaba cuando lo proponía el PP. Es el sistema que rige en los ayuntamientos y en el País Vasco, pero si la lista más votada no tiene un respaldo parlamentario sólido, garantizas la investidura pero no la legislatura. Precisamente, el artículo 99 es la garantía constitucional para evitar crisis de gobierno repetidas y prolongadas al obligar al candidato a la presidencia a tener la mayoría absoluta o la simple en segunda vuelta. Reformar la Constitución es el comodín cuando hay problemas, pero su reforma requiere los tres quintos de la cámara y son incapaces de ponerse de acuerdo la mitad más uno para investir a un presidente.

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El PP plantea la prima de 50 escaños como en Grecia. El bonus garantiza mayorías absolutas a partidos que no la logran en las urnas por el simple hecho de ser los más votados. En Grecia está derogado a partir de la próxima legislatura. En Italia, Berlusconi aprobó en el 2005 la llamada “ley Porcata” -una cerdada, vaya- que concede la mayoría absoluta en el Congreso al partido que consigue más votos en todo el país, pero no en el Senado, lo que conlleva también un bloqueo legislativo. Fue anulada siete años después por el Constitucional italiano. La tercera opción que vuelve a sonar con fuerza es la de la segunda vuelta, cómo en Francia, donde se elige en segunda votación entre los dos candidatos con más apoyos. Todos son sistemas para garantizar mayorías, para orillar a las minorías y cambiar un sistema proporcional, con todos sus defectos a uno mayoritario, que también los tiene. Aún añoraremos el bipartidismo.