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Editorial

La regularización de la eutanasia

La dignidad y la libertad deben salvarguardarse hasta el último segundo de nuestras vidas

El Periódico

Ángel Hernández, con su esposa María José Carrasco.

Ángel Hernández, con su esposa María José Carrasco. / EL PAÍS / CARLOS ROSILLO

Más de un millón de firmas han llegado al Congreso de los Diputados pidiendo la despenalización de la eutanasia. La recogida ha sumado tres iniciativas ciudadanas que han confluido en el mismo fin. Una contundente petición que representa el sentir de la mayoría de la población, pero que aún no ha conseguido el apoyo político necesario para salir adelante.

La proposición de ley presentada por el PSOE el pasado mes de junio se quedó truncada por la interrupción de la legislatura. Era el 15º intento de regular la eutanasia en España. Son evidentes las múltiples derivas éticas del debate. No admite argumentos simplistas ni de trazo grueso. Por desgracia, la política está demasiadas veces atrapada en ellos.

La muerte forma parte de la vida. La dignidad y la libertad son partes inalienables de nuestra existencia, por ello deben salvaguardarse hasta el último minuto. Al fin, cada uno es dueño de sus creencias y es libre de vivir, y morir, según su dictado. El Estado no puede imponer ninguna visión determinada, menos aún obligar a vivir auténticos calvarios y a convertir la muerte en algo clandestino o delictivo. El reciente caso de Ángel Hernández, quien ayudó a morir a su esposa enferma de esclerosis múltiple y ahora está siendo investigado por un juzgado de violencia de género, es el ejemplo de un cruel despropósito.

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Es necesaria una ley de eutanasia que ampare el derecho a una muerte digna garantizando la voluntad y la libertad de la persona. En ningún caso eso implica reducir esfuerzos en los cuidados paliativos. Cualquier paciente, independientemente del equipo médico, hospital o ciudad en que sea atendido, debe ser merecedor de los mismos cuidados y recursos para evitar, en la medida de lo posible, el sufrimiento físico, psíquico y espiritual. Pero también debe respetarse la voluntad de quien quiere poner fin a ese sufrimiento.

La llegada del millón de firmas en este preciso momento es una clara y dolorosa muestra de que los tiempos de la política no son los de la ciudadanía. Mientras la posibilidad de unas nuevas elecciones planea sobre nuestro país, hay personas que sufren, que cada momento de su vida es una agonía. Más del 70% de españoles están a favor de regular la eutanasia, igual que se aplica en Holanda, Suiza o Bélgica. Es la hora de reclamar, una vez más, generosidad, compromiso y respeto a nuestros políticos.