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LA CLAVE

Sánchez e Iglesias, antes de la reunión de este martes.

DAVID CASTRO

Esperando a Lincoln en la Moncloa

Joan Cañete Bayle

El pacto suele ser considerado como una muestra de debilidad, un fastidio, un caos

En el 2005, la historiadora Doris Kearns Goodwin publicó Team of rivals, un retrato de la presidencia de Abraham Lincoln. El equipo de rivales al que se refiere el título lo formaban su secretario de Estado, William H. Seward; Edward Bates, el Fiscal General, y Salmon P. Chase, el secretario del Tesoro. Los tres fueron rivales electorales de Lincoln y los tres le ayudaron a aglutinar las corrientes políticas necesarias para afrontar la abolición de la esclavitud. El impacto del libro fue tal que tras su victoria en las elecciones del 2008 Barack Obama lo puso como ejemplo a seguir. Su particular equipo de rivales lo formaron dos adversarios de las primarias (Joe Biden y, sobre todo, Hillary Clinton) y un afiliado al Partido Republicano, Robert Gates. Como a menudo sucedía con Obama, la realidad quedó lejos de las expectativas.

Que zumbe pero no pique

En la política española no hay muchas historias de éxito de un equipo de rivales. Fieles al verso de que una de las dos Españas nos ha de helar el corazón,  grandes coaliciones a la europea entre izquierda y derecha son imposibles. Con la explosión del bipartidismo, los pactos dentro de los bloques se están demostrando igual o más difíciles. Al fin y al cabo, cuando Pedro Sánchez y Pablo Iglesias se sientan uno frente al otro en la Moncloa saben perfectamente que uno sueña con un sorpasso y el otro suspira por recuperar una hegemonía con una pequeña Izquierda Unida a su lado que zumbe pero no pique.

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En Catalunya, el procés se puede explicar en gran medida como la historia de la lucha entre ERC y el universo convergente por el dominio del bloque independentista. Antes existió la sociovergència, pero aquello no fue una coalición ni un pacto entre rivales, sino una hegemonía. Pueden ser aliados puntuales, pero jamás serán socios, lo cual se aplica por igual a la relación entre el PSOE y Unidas Podemos. Al fin y al cabo, tanto la política catalana como la española son goyescas. En concreto, del Duelo a garrotazos: el pacto suele ser considerado como una muestra de debilidad, un fastidio, un caos (ese Dragon Khan) y, deconstruyendo a Clausewitz, la continuación de la guerra por otros medios. Aquí y ahora, el equipo de rivales de Lincoln no hubiera sobrevivido a dos tuits ni medio telediario. O Telenotícies.