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Editorial

PSC, JxCat y la Diputación

En el ambiente político enrarecido, son necesarios acuerdos que apuesten por la gestión y el fin del bloqueo

firma editorial cast

El Periódico

Nuria Marín, proclamada presidenta de la Diputación.

Nuria Marín, proclamada presidenta de la Diputación. / ACN / GERARD ARTIGAS

Núria Marín, la alcaldesa socialista de L’Hospitalet de Llobregat,  ya es la nueva presidenta de la Diputación de Barcelona, gracias a un pacto entre el PSC y el mundo posconvergente de Junts per Catalunya que rompe el bloqueo político catalán en la institucion con el tercer presupuesto de Catalunya, después de la Generalitat y el Ayuntamiento de Barcelona. No hace mucho tiempo, un pacto entre el PSC y la entonces Convergència no hubiera resultado tan extraño. Hoy, es una de las grandes noticias que dejaron las elecciones municipales y autonómicas del 26 de mayo. El acuerdo prima la gestión y la acción política por encima del conflicto y es un ejemplo de los acuerdos transversales que necesita Catalunya tras años de enrocamiento y política de trincheras. Hay otros casos (Sant Cugat es uno muy relevante), una suerte de brotes verdes a las puertas de la sentencia del 'procés', en un escenario político con un ambiente muy enrarecido.

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En óptica independentista, el acuerdo es visto como un nuevo desaire de JxCat a ERC y el enésimo capítulo de la pugna entre ambas formaciones por la hegemonía del mundo soberanista. Pero es al mismo tiempo la primera victoria en bastante tiempo del sector moderado del PDECat y de su potente corriente municipalista, que han contado en esta ocasión con la silenciosa anuencia de Waterloo. El pragmatismo en el reparto de las cuotas de poder ha permitido a los posconvergentes pactar con el PSC y darle la presidencia de la Diputación a Marín, cuando hasta hace muy poco tiempo (conviene no olvidar la candidatura frustrada de Miquel Iceta al Senado, por ejemplo) para el independentismo el PSC estaba al otro lado de una enorme línea roja a causa de su apoyo en su momento a la aplicación del artículo 155 de la Constitución. De hecho, para cierta parte del independentismo un pacto con el PSC sigue siendo tabú. Pero llama la atención que la movilización de los contrarios al pacto fuera el jueves poco numerosa.

Con el pacto de la Diputación, el PSC cimenta una cuota de poder considerable, construida gracias a los pactos poselectorales. Los socialistas gobiernan en 15 de las 20 localidades más pobladas de Catalunya. Es una realidad que el independentismo no puede obviar. Frente a las líneas rojas y el discurso que pretende dibujar una Catalunya casi monocolor, la realidad política es mucho más compleja y variada. Y requiere pactos, acuerdos y el fin de los bloqueos y las líneas rojas que en nada ayudan a la convivencia.