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Al contrataque

Protesta ante la Diputació de Barcelona por el pacto entre JxCat y PSC.

FOTO Y VÍDEO: ALBERT BERTRAN

Espectáculo sobre la Diputación

Antonio Franco

Si usted es un buen independentista o un nacionalista mínimamente radicalizado sabe que los suyos siempre habían despreciado las diputaciones, unas instituciones consideradas demasiado 'españolas'

Si usted es un buen independentista o un nacionalista mínimamente radicalizado sabe que los suyos siempre habían despreciado las diputaciones, unas instituciones consideradas demasiado 'españolas', y que predicaban --hasta que han empezado a administrarlas-- que debían desaparecer. A causa de ello le supongo ideológicamente confuso ante la guerrilla librada por ERC y los exconvergentes  sobre la de Barcelona para apropiársela (no para demolerla).

Pero si usted es como sus dirigentes políticos igual les perdona la contradicción por el "botín" --expresión utilizada por la prensa seria-- que comporta conquistarlas. Son las instituciones públicas con más dinero libre para repartir y las que menos rinden cuentas precisas a la ciudadanía sobre lo que hacen bastantes de sus asalariados. La malicia popular dice que se utilizan para el control territorial a través del reparto de subvenciones y ayudas, a veces de forma discrecional,  y para proporcionar muchos empleos a los partidos que las gobiernan.

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La de Barcelona, la que tiene el presupuesto más grande de España, destina casi una cuarta parte a sueldos. Con una plantilla fijada en 4.076 personas tiene más de 1.700 vacantes; lo que faltan son puestos de trabajo a los que se acceda con concursos públicos de selección y suponga  tareas y horarios reglados; lo que sobra, es mi opinión, son empleos asignados a dedo a llamados "cargos de confianza" (se dice que hay 225), muchas veces etiquetados como "asesores" sin control horario. El planteamiento es ideal para colocar a gente próxima y a correligionarios a los que se desee liberar de la necesidad de trabajar en empleos normales o en cargos pagados por los militantes de los partidos. Como sucede siempre en estas cosas, en las diputaciones hay una mayoría de trabajadores serios, responsables y necesarios.

En la lucha partidista por el poder hemos asistido al debate sobre si el frentismo (abandonado circunstancialmente cuando les convenía por ERC y los exconvergentes en otras instituciones) debía aplicarse rígidamente en esta institución con tanto poder y dinero. La verdad es que se ha hablado mucho menos de cómo se deben reformar/sanear/mejorar las diputaciones. Tampoco se ha hablado demasiado de si la Diputación de Barcelona ha de ser el germen estructurador definitivo que necesita la Gran Barcelona, tal como lo deseaba Maragall (Pasqual) y contra lo que luchaba Pujol (el padre de la productiva compañía poco anónima que formaba con sus hijos).