Dos miradas

Perder y Pinot

El ciclista francés Thibaut Pinot es mi ídolo desde que declaró que no quiere ganar el Tour para no convertirse en un mito y verse obligado a cambiar de vida

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Thibaut Pinot, bajo la niebla, camino de su triunfo en los Lagos.

Thibaut Pinot, bajo la niebla, camino de su triunfo en los Lagos. / EFE / Manuel Bruque

Para situar los antecedentes, hay que tener claras tres cosas. Primera: no hay país en el mundo que adore tanto el ciclismo como Francia. Segunda: el Tour, que estos días se corre por todo el hexágono (con las primeras etapas en Bélgica, para celebrar que se cumplen 50 años del primer triunfo del 'caníbal' Merckx), es una auténtica fiesta nacional que tiene, como todos los eventos simbólicos, sus héroes. En Francia: Bobet, Anquetil, Pingeon, Thévenet, Fignon. Y Bernard Hinault, que ganó el Tour en 1985. Tercera: desde entonces, ningún otro francés lo ha conseguido. 34 años de sequía patriótica, con pequeñas alegrías menores como algún premio de la montaña.

Thibaut Pinot es un excelente ciclista. Francés, claro. Uno de los favoritos. Y declara en 'L'Équipe': "El Tour no es una obsesión; me gusta mi vida, es la que había soñado. Y si gano, la perderé. El francés que gane será un mito y yo no tengo ganas de serlo". Hacía tiempo que no leía unas palabras tan alejadas de los fastos, tan contrarias a la gloria de los elegidos. A partir de ahora, Pinot es mi ídolo. Me estaré todo el mes de julio tumbado en el sofá deseando que gane alguna etapa. Y que pierda el Tour, naturalmente.