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ANÁLISIS

Neymar, junto a su hijo Luca, en la final de la Copa América que ganó Brasil.

AFP / JUAN MABROMATA

Perder la cabeza (por Neymar)

Albert Guasch

Leonardo era un lateral zurdo fino y con proyección ofensiva que un día perdió la cabeza. Propinó un codazo "cobarde y desleal", según la nada aséptica explicación que figura en Wikipedia, al estadounidense Tab Ramos en los octavos del Mundial de 1994. Una fractura de cráneo, se llevó el agredido. Ahora nuevo director deportivo del PSG, Leonardo le ha propinado casi de entrada un codazo verbal a su compatriota Neymar. Se puede largar de París con viento fresco si alguien viene con una oferta buena. Bien, pues con él se las tendrá que ver el vicepresidente deportivo del FC Barcelona, o sea Josep Maria Bartomeu, si quiere de verdad, que ya no se sabe, revestir de azulgrana al brasileño que mejor ha competido con Ronaldinho en la brumosa área de la jarana.

Ambos dirigentes juegan al desinterés cuando en realidad ambos comparten una necesidad, que es desprenderse de la mejor manera posible de un diamante que ya no quieren. Y lo peor: no parece haber nadie dispuesto a quererlos. ¿Qué club va a lanzarse a pagar lo que se supone que vale Neymar? ¿Y por Coutinho, devaluado por mucha Copa América ingresada en su vitrina? Ya, quizá el Madrid podría sondear la aventura. Pero el precio de salida de ambos resulta intimidante a la vista del dudoso rendimiento que se les intuye.

Puede, es una especulación, que si el Barça no tuviera en sus filas al desangelado centrocampista, y su costosa ficha a cuestas, ni se le ocurriría (a Bartomeu, que es al que se le ha ocurrido) tantear la repatriación del veleidoso delantero. De modo que una víctima colateral podría acabar siendo Dembélé, mediante venta o cesión al Bayern, interesado de veras en el francés, según insistió ayer su entrenador, Niko Kovac, en rueda de prensa. Si resulta difícilmente manejable un vestuario con cuatro galácticos de ataque, con cinco ya parece ciencia-ficción.

Así que hablemos de otra víctima, el sensato Ernesto Valverde. Como en su día el director deportivo del PSG, no descartemos que pudiera acabar perdiendo la cabeza ante tanta estrella gravitando caprichosamente a su alrededor.