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LA CLAVE

Quim Torra y Pere Aragonès, en la reunión del Consell Executiu en la Generalitat.

JOAN CORTADELLAS

Matrimonio sentenciado

Luis Mauri

La última crisis entre ERC y JxCat es más prosaica que las homilías épicas y las anunciaciones de paraísos en la Tierra. El pulso es por el dinero y el poder, materiales imprescindibles en la arquitectura política

Esto no va de independencia. Tampoco de libertades ni de calidad democrática. La enésima crisis entre ERC y JxCat, la bronca que ha hecho tocar fondo a la coalición independentista que gobierna la Generalitat, va de dinero y poder. 

El compañero Jose Rico ha iluminado con cifras el concepto. La Diputación de Barcelona, cuyo control es el desencadenante de esta batalla, tiene un presupuesto anual de casi mil millones, emplea a más de 2.300 personas y mantiene a 84 cargos de confianza política. Estos últimos cobran entre 2.473 y 5.800 euros brutos al mes. No pocos son en realidad apparatchiks a cuenta del erario.

Esto es más prosaico que las homilías épicas y las anunciaciones de paraísos en la Tierra. Pero es lo que hay. Dinero y poder, materiales imprescindibles en la arquitectura política.

Volvamos a ese matrimonio mal avenido abocado al divorcio. La sangre tampoco llegará al río esta vez. Aún no. ERC y JxCat están condenados a ocupar la misma alcoba al menos hasta después de que el Tribunal Supremo dicte la sentencia del juicio del ‘procés’.

La coalición está sentenciada, pero antes de romper e ir a la batalla final por la hegemonía nacionalista, ambas partes deben resolver varias cuestiones. La sentencia reavivará sin duda el relato del bloque independentista, que podría ver entonces el momento óptimo para convocar elecciones al Parlament. Pero no es tan sencillo. Con Junqueras inhabilitado, ERC carecerá de un liderazgo carismático y solvente, mientras que Puigdemont aún podrá repetir como cabeza de cartel de JxCat. Puigdemont, el mismo que le birló a ERC un sorpasso cantado en el 2017, el mismo que humilló a Junqueras en las europeas. Esto puede quitarle las prisas a los republicanos.   

Instinto de supervivencia

En JxCat, las discrepancias con Puigdemont y sus pretorianos, cuyo fundamentalismo a ultranza bebe de la particular circunstancia del hombre de Waterloo, son cada vez menos discretas. ¿Será necesario resolver el pulso interno en JxCat antes de librar la batalla final con ERC? Bastante improbable. Con todo, ambas partes preferirán postergar el choque si llegado el momento la demoscopia prevé una inversión en la jerarquía de bloques. El matrimonio está sentenciado, pero el instinto de supervivencia manda.