02 jun 2020

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Librerías independientes

Ambiente pre-Sant Jordi en la librería Calders, en el barrio de Sant Antoni, la mañana del lunes de Pascua.

JORDI COTRINA

La casa por el tejado

Isabel Sucunza

Estos días corre por las redes la carta con la que un librero -Àlvar Masllorens, de La Temerària, de Terrassa- explica la precaria situación de las librerías. La carta es una llamada al consumo responsable por parte de los vecinos.

La situación de las librerías independientes es tal cual la pinta Masllorens, es cierto. Pero, ¿es correcto poner todo esto sobre la conciencia de los vecinos?

Las librerías somos el último eslabón de un recorrido que empieza por la educación y pasa por la producción y la distribución. En los últimos años ha habido un 'boom' de apertura de nuevas librerías y editoriales, es decir, de productores y de puntos de venta. Sin embargo, este fenómeno no ha ido acompañado por un refuerzo en el primer 'stage' del circuito: la educación, la puerta de acceso a la cultura. Cuando hablo de educación, no hablo solo de escuelas, sino también de instituciones, de medios de comunicación y de todo lo que sirve para acercar la cultura a la gente. Nos han fallado.

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Nos fallan las instituciones cada vez que permiten que se cierre una escuela por motivos inmobiliarios (Escoles Griselda, Barcelona), cada vez que una biblioteca pública no puede abrir en todo el verano porque no les funciona el aire acondicionado (Can Casacuberta, Llefià-Xavier Sota y Sant Roc, en Badalona; Joan Oliver-Sant Antoni, en Barcelona); nos fallan las instituciones también cada vez que deciden recortar la subvención a ferias como Liberis Liber, por ejemplo, para aumentársela al Mercat de Nadal del Llibre, que reúne a muchas menos editoriales que la primera y que desvía parte de la venta de Navidad (la feria se celebra cada año a pocos días de la campaña) hacia, sobre todo, una gran librería de la ciudad.

En este punto, yo me pregunto si no nos habremos precipitado lanzándonos a abrir editoriales y librerías. Los negocios privados no podemos, nosotros solos, apuntalar una cosa tan inmensa como es el tejido cultural. Deberíamos haberlo replanteado todo. Deberíamos haber puestos todos los esfuerzos en reformular el punto de partida de este recorrido. Los vecinos acabarán viniendo después: no para ayudar a nadie, sino porque nos necesitarán.