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Al contrataque

La consellera de la presidencia y portavoz del Govern, Meritxell Budó, este mediodía.

Andreu Dalmau (EFE)

"¡Parla en català, collons!"

Carles Francino

Me inquietan y me repugnan desplantes como los de la portavoz del Govern o del presidente de la Cambra ante preguntas formuladas por periodistas en castellano

Tengo claro desde hace tiempo que elaborar planes resulta un ejercicio bastante inútil, porque a menudo es la propia vida la que te descoloca; para bien o para mal. Si cuando estaba en TV-3 alguien hubiera pronosticado que yo volvería a Madrid y a la radio, solo habría tenido una duda: cuánto había bebido, o qué se había fumado el aprendiz de profeta. Y sin embargo, aquí estoy. A estas alturas me resulta cargante la pregunta de si tengo problemas por vivir y trabajar en Madrid, aunque  dispongo de un catálogo de sonrisas y gestos de compromiso para no incomodar a mi interlocutor, sea catalán o castellano; lleve mala leche su pregunta o sea simplemente un recurso para entablar conversación.

En cambio mis reservas de paciencia son bastante menores cuando me han planteado que el tema lingüístico en Catalunya pudiera suponer un problema de primer orden y que por eso había que llevarlo a los tribunales. He tenido broncas notables, algunas motivadas por el desconocimiento de quien me lo decía; otras directamente por las ganas de encabronar que tienen algunos. Pero tampoco he negado nunca que el modelo de normalización lingüística pueda revisarse; porque no me convence que las reclamaciones presentadas se despachen aludiendo al consenso general y pretextando que son minoría. Todo es mejorable. Y la fibra lingüística es demasiado sensible como para no extremar la prudencia. Por eso me inquietan -y me repugnan- desplantes como los de la portavoz del Govern, Meritxell Budó,  o del presidente de la Cambra de Comerç de Barcelona, Joan Canadell, ante preguntas formuladas por periodistas en castellano.

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Bastante tocan ya las narices quienes abolieron del vocabulario común el uso de la palabra 'España', sustituyéndola por un etéreo, ridículo y ofensivo 'Estado español'. Pero lo de ahora es más grave, porque la aceptación -y el éxito- de la normalización lingüística se basó en un pacto: aprendemos, protegemos y potenciamos el catalán –aunque el castellano sea mayoritario- porque es un ascensor social y porque ambos idiomas conviven en la calle sin problema. Si se envían señales de que ese pacto se ha roto, podría equivaler a una declaración de guerra. Yo escuché hace años el imperial “¡habla en castellano, coño!”; si alguien quiere sustituirlo por “¡parla en catalá, collons”!, solo cambian los órganos genitales. El cerebro y el talante son los mismos. Idiotas y sectarios.